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El buen tiempo y la naturaleza se cuelan en la vivienda

Conceptos como la neuroarquitectura, la jardinosofía y el diseño biofílico marcan las tendencias a seguir a la hora de preparar nuestra casa de cara al verano

Hoy más que nunca la naturaleza se ha convertido en una fuente de inspiración en la decoración. El confinamiento y las limitaciones de movimiento han hecho que echemos de menos los espacios abiertos, desatando una locura generalizada por todo «lo verde» e incrementando el interés por todo aquello que sea bueno para el cuerpo y el espíritu.

«Una vivienda bien diseñada genera emociones positivas, impulsa la creatividad y mejora nuestra calidad de vida», afirma Raquel Simón, directora de la Escuela Madrileña de Decoración. Por eso, interioristas, decoradores y fabricantes de muebles y textiles se han propuesto ayudarnos a convertir nuestro hogar en un refugio de bienestar emocional. Un objetivo que han hecho cobrar fuerza corrientes como el diseño biofílico, que busca nuestra conexión con la naturaleza por el beneficio que ésta tiene para la salud.

«El hombre y la naturaleza siempre han ido de la mano, pero en los últimos años nos hemos desconectado de ella, lo que ha provocado que dejemos de beneficiarnos de todo lo que nos puede aportar. Sin embargo, esta crisis sanitaria ha puesto de manifiesto la importancia de estar en contacto con nuestro estado natural», reivindica el paisajista Fernando Pozuelo. Y es que científicos, antropólogos y sociólogos han comprobado que hasta la persona más urbanita conserva una conexión neurobiológica con la naturaleza, que es el resultado de millones de años de evolución. Ella es la madre de nuestra especie y en su cercanía nos sentimos acogidos, mientras que lejos de ella estamos desamparados. Una tesis que también apoya la neuroarquitecta María Gil.

Colores y juegos de texturas, la clave – © Veepee

En su opinión, «cuerpo, mente y entorno están conectados, y nuestro cuerpo prefiere lo natural a lo sintético», por lo que, a la hora de cuidar el interiorismo de nuestros hogares, recomienda el uso de materiales orgánicos y fibras naturales, como el mimbre, el ratán, el cáñamo, el algodón, el lino o la seda, así como la madera y las piedras naturales.

Materiales sostenibles

Las fibras del lino, por ejemplo, son transpirables y más resistentes que el algodón, por lo que en verano son ideales para la ropa de cama o las fundas del sofá. El trenzado de ratán, empleado durante siglos en el sudeste asiático, de donde es originario, ha dado lugar al estilo «cannage», o de rejilla, que los interioristas y firmas de muebles han convertido en tendencia y que se ha impuesto en todo tipo de mobiliario, desde asientos y respaldos de sillas, butacas y mecedoras, hasta biombos y puertas de aparadores y mesillas.

El bambú, un antibacteriano natural especialmente resistente, es una buena opción para dar un aire tropical a nuestra mesa, pues cada vez encontramos más platos, vasos y accesorios de cocina fabricados con este material. Mientras que el mimbre, también resistente y duradero, pero flexible y ligero, puede darnos un toque rural y mediterráneo empleado tanto en muebles como en cestos y baúles.

El bambú es uno de los materiales clave – © Espejo & Goyanes

Los colores del verano

También se celebra la naturaleza a través de los accesorios. Los estampados florales se imponen en paredes, cojines y complementos textiles, combinados con tonos tierra o coñac, todas las tonalidades de verde y gris y chispas de colores brillantes que evoquen la felicidad y añadan frescura, como azules eléctricos, fucsias, violetas, melocotón y amarillos. Todos ellos forman parte de las paletas de color elegidas para este verano por el prestigioso Pantone Color Institute, reconocido mundialmente como la principal fuente de información sobre este asunto.

Eso sí, a la hora de llenar nuestra casa de tonos, la directora de la Escuela Madrileña de Decoración nos recuerda que todos ellos llevan asociada una fuerte carga emocional que no podemos ignorar. El truco está en «saber escoger las paletas que nos hacen sentir bien y que mejor van con nuestro estilo de vida».

En este sentido, la interiorista Amaia Elías, de Amaia Studio, explica que los tonos tierra y los que recuerden a las fibras naturales «aportan tranquilidad, luminosidad y amplitud a las estancias» y que los mostaza, melocotón y rosa palo, «dan alegría», pero también «aportan paz y serenidad». A esto, la neuroarquitecta María Gil añade que los verdes «favorecen la relajación y aumentan el espacio por su efecto camuflaje», y aconseja alejar rojos y amarillos de la cocina si queremos mantener la línea, pues «estimulan el apetito».

Jarrones y esculturas, los accesorios de moda – © Espejo & Goyanes
Un truco sencillo para introducir ese toque de color es colocar objetos decorativos, como jarrones y esculturas en porcelana o barro, con esos tonos de moda. Se pueden ir colocando y retirando cada temporada para renovar la casa fácilmente, en este caso darán «la bienvenida al verano con alegría y calidez», apunta Simón. Los accesorios también nos brindan una oportunidad para «evocar todos esos viajes soñados, que no hemos podido hacer por la pandemia»: láminas de otras ciudades o papeles pintados de estilo tropical son un must para esta temporada, según la directora de la Escuela Madrileña de Decoración.

Otra idea interesante es renovar mantelería, textiles e incluso cortinas y toallas cada temporada, lo que dará nuevos aires a los espacios con poco esfuerzo e inversión.

Interiorismo de camuflaje

Pero para conectarnos de verdad con nuestro yo más natural y primigenio, y celebrar la alegría que nos invade con la llegada del buen tiempo, hay algo que no puede faltar en la decoración: las plantas, convertidas -según Simón- en «las reinas del verano», pues son las mejores embajadoras de «todo eso que se nos negó con el confinamiento y que necesitamos tener muy presente en nuestra vida». Además, como apunta Gil, tanto en interior como en exterior «introducir vegetación en nuestro hogar purifica el aire y nos relaja».

BalKonzept, de Rephorm, el nuevo concepto de mobiliario para balcones pequeños – © Rephorm

Una de las plantas más consumidas en esta época es la lavanda. No solo por su color y aroma, sino porque es uno de los remedios naturales más efectivos contra los mosquitos. Potos, cintas, helechos, la bella Monstera Adansonii o la colorida Tradescantia Pallida son una buena opción para espacios pequeños, pues son ideales para colgar en cestas de macramé del techo haciendo que éstos parezcan más altos, o llamando la atención sobre un rincón colocadas sobre una estantería alta.

Y si nos falta mano con las plantas, las artificiales son una gran alternativa a la hora de dar ese toque natural a nuestra casa sin tener que preocuparnos por su cuidado. O también podemos optar por flores secas y hierbas exóticas, como las ramas de algodón o el plumero de la pampa, para dar un toque bohemio y acogedor a cualquier estancia de la vivienda.

Flores secas, perfectas para cualquier rincón – © Espejo & Goyanes

El hogar se traslada al exterior

Teniendo en cuenta que la llegada del calor y la luminosidad del estío hacen que la vida se traslade al exterior, terrazas y jardines ganan un merecido protagonismo. Pero el confinamiento nos ha enseñado que quien tiene un balcón, por reducido que sea, también tiene un tesoro, pues garantizan poder salir a respirar, un escape necesario, además de ser una entrada de luz y aire. En la Escuela Madrileña de Decoración han sabido verlo y por ello proponen una serie de consejos para sacar partido a estos pequeños espacios de cara al verano.

Muebles plegables, mesitas colgantes que se adaptan a la barandilla, cojines y almohadones, guirnaldas de luces e incluso pequeños invernaderos pueden servir para rematar su decoración y «vivirlos», ya sea convertidos en rincón de lectura, gimnasio u oficina, o en el lugar ideal para tomar el sol, un café por la mañana o disfrutar de una cena en pareja, o simplemente para montar un pequeño huerto urbano donde plantar hierbas aromáticas, como albahaca, orégano o hierbabuena.

En terrazas más amplias aumentan las posibilidades de decoración para convertirlas en templos del relax, el ocio y el bienestar familiar. Una buena combinación de muebles de exterior (ya sea en fibras naturales u otro tipo de materiales), zonas de sombra (con pérgolas, toldos o sombrillas), iluminación y accesorios es la mejor manera de transformarlas en ese deseado oasis cotidiano, brindándoles el papel trascendental que adquieren en verano. Más lejos podemos llegar teniendo jardín en casa.

Terrazasy balcones se hacen con el protagonismo – © Idoia Otegui

«Creamos jardines porque nos proporcionan bienestar», escribe el antropólogo y filósofo Santiago Beruete en su libro ‘Jardinosofía: una historia filosófica de los jardines’, haciendo referencia a esa innata atracción humana por la naturaleza, por las plantas y el verde, conocida como biofilia.

Para crear en nuestro jardín ese paraíso particular que nos ayude a escapar del ajetreo diario y a conectar con nosotros mismos, Pozuelo propone utilizar plantas autóctonas; limitar en la medida de lo posible los pavimentos artificiales; e incorporar cuerpos de agua, como fuentes, estanques o acuarios, y elementos simbólicos que conecten con nuestros gustos e inquietudes. Sus sugerencias para integrar los colores Pantone del año a nuestras terrazas y jardines pasan por plantar especies en tonalidades grises, como el Cerastium Tormentosum, la cineraria marítima y la santolina chamarra cifolia, y en tonalidades amarillas, como la mimosa, la Forsythia, la Mahonia y el jazmín amarillo.

Ultimate Grey, el tono de moda – © Dyroy

Así tendremos esa combinación perfecta del Ultimate Grey, un gris representativo de elementos sólidos y seguros, que nos brindan una base firme, y el Illuminating, un amarillo alegre, imbuido de energía solar y lleno de vida, que aporta calidez.

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