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Los islamistas de Túnez se resignan al golpe institucional y no convocan protestas

Oposición y sociedad civil instan al presidente Saied a desvelar su hoja de ruta para el país

Después de la tormenta, las aguas vuelven poco a poco a su cauce en Túnez. Se esperaba una reacción de los islamistas de Ennhada, quizá el gran partido del sistema tunecino tras la Revolución de los Jazmines, en respuesta al golpe de mano del presidente Kais Saied. Este activó la cláusula del artículo 80 por el que suspende el Parlamento durante 30 días y destituye al primer ministro Hichem Mechichi. Su líder histórico, Rachid Ganuchi, en el exilio 22 años durante el régimen de Ben Alí, había pedido a sus fieles defender la revolución e incluso trató de desafiar al presidente convocando como líder del Parlamento tunecino una sesión, pero se topó no solo con el

Ejército sino con la evidencia de que los tiempos han cambiado.

Pese a la reacción inicial y a que públicamente siga acusando a Saied de dar un golpe constitucional, Ennahda pidió ayer a sus seguidores aliviar la crisis política del país mediante el diálogo y el fin de las protestas masivas.

Según medios locales, en los aledaños de la Asamblea, lugar de enfrentamiento el lunes entre partidarios de Ennahda y del presidente Saeid, reinaba la tranquilidad en la mañana de ayer despues de que los seguidores islamistas abandonaran el Parlamento en la víspera.

«El contexto internacional no es el de hace cinco años. Ahora los islamistas tienen menos apoyo tanto externo como interno; perdieron una gran representación en las anteriores elecciones con respecto a las precedentes», dice a ABC la jurista Farah Hached. Tanto ella como las fuentes consultadas descartaban una reacción y confrontación violenta a lo largo de las primeras horas tras la alocución televisada del domingo del presidente Saied. «El escenario más probable es que el bloqueo se solucione como en los últimos años: con diálogo», agrega.

Dicho y hecho. Pese a la insistencia de ciertos elementos de la formación islamista (moderada), en cónclave interno los líderes de Ennahda apostaron por evitar la confrontación directa y apostar por el entendimiento y unas elecciones anticipadas.

Aunque en un primer momento fuera una figura cercana a Saied, el destituido primer ministro Mechichi -desde septiembre en el cargo- aceptó finalmente ayer la decisión del presidente y jefe del Estado. «Aseguraré el traspaso del poder a la persona que será designada por el presidente de la República», declaró.

Descartado un escenario de violencia

Saied, independiente, con un perfil académico (era profesor de Derecho Constitucional) y ‘outsider’ de un sistema muy erosionado por el bloqueo permanente, es, de lejos, la figura más popular del panorama político tunecino con hasta un 39% de apoyo popular según los sondeos. El segundo se encuentra a más de 20 puntos.

El descontento con el bloqueo político, económico y hasta «psicológico», añade Hached, es generalizado, no solo entre los contrarios de la formación islamista. El desencanto es tal que, con el apoyo del Ejército, un escenario violento y de guerra civil está descartado, apunta la jurista.

El partido Ennahdha, por tanto, sostiene estar listo «para la celebración de elecciones legislativas y presidenciales anticipadas simultáneas para garantizar la protección del proceso democrático». Todo sea para evitar que la jugada de Saied sea utilizada como un pretexto para ir hacia un régimen autocrático.

En declaraciones a la cadena de noticias France 24, la investigadora Deborah Perez cree que la voluntad de Ennahda de no mantener un pulso en la calle con Saied forma parte de una intención clara e histórica de no dividir a la población. «Ésta es su mayor fortaleza y al mismo tiempo su mayor debilidad porque siempre vuelven a la mesa de negociaciones en tiempos de crisis más críticas», subraya.

Sin cheque en blanco

Pese al gran apoyo, Saeid no tiene carta blanca para avanzar con un régimen presidencialista, como según filtraciones parece ser su objetivo último para desbloquear la política nacional. El apoyo de los principales actores de la sociedad tunecina, en especial del mayor sindicato, UGTT, que garantiza la movilización masiva en las calles, es condicional: la hoja de ruta del presidente debe respetar los principios constitucionales.

«No tenemos una democracia completa como tal aún. Las reformas profundas de libertad, democracia e incluso de mentalidad todavía están por hacer», sostiene Hached. La psicología colectiva -advierte- abre hoy la puerta a un «régimen más presidencialista y autoritario». A su juicio, un régimen presidencialista es una mala idea: «Es una etapa previa hacia un estado más autoritario». La jurista no cree en un cambio de régimen, sino en un cambio en la ley electoral para estabilizar el país por medio de un bipartidismo o un sistema con tres partidos fuertes en lugar de coaliciones imposibles «como en Italia».

De fondo, Túnez, un país sobrepasado por la pandemia, sufre una sangría de 200 muertos diarios por los estragos del Covid-19, la falta de material médico y la saturación de los hospitales. Con la incidencia y la tasa de mortalidad disparada, el país árabe se despide de toda esperanza para rescatar el sector turístico a corto plazo, que representa el 12% de su PIB. La crisis ya sumió al país en una recesión del 8,8 % en 2020.

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