Historia

La increíble historia de la agente doble rusa casada con un sevillano que espió para Hitler en Gibraltar

Tres semanas después de su famosa entrevista en Hendaya con Franco, en octubre de 1940, Hitler organizó una reunión urgente con Ramón Serrano Suñer, ministro de Asuntos Exteriores español. Nada más recibirle, le comunicó: «He decidido atacar Gibraltar. Tengo la operación minuciosamente preparada. Hay que empezar ya». La Alemania nazi dominaba toda la Europa centro-oriental y avanzaba por el continente con la convicción de que el Peñón se había convertido en la llave que le daría la victoria en la Segunda Guerra Mundial.

Pocos días después, el ‘Führer’ insistió en esa misma idea con una nueva entrevista con el ministro español en Berchtesgaden, su refugio en los Alpes suizos: «Es absolutamente necesario atacar ya Gibraltar. Lo tengo decidido. Solo hay que fijar el día. La operación mixta [en referencia a la ‘Operación Félix’] es necesaria. Es la hora de que España tome partido». El líder nazi parecía tener prisa, según el relato hecho en 1976 por el mismo Serrano Suñer en su obra ‘Escrito en España’.

Prueba de la importancia de este enclave es que, desde el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, el sur de la Península Ibérica se convirtió en un peligroso nido de agentes secretos nazis y aliados. Larissa Swirski sabía perfectamente lo que se jugaba cuando aceptó realizar trabajos de inteligencia para los nazis a partir de 1940. Ya tenía constancia de que los británicos ahorcaban a los espías que descubrían en los alrededores del Campo de Gibraltar. Había escuchado, incluso, que un verdugo llamado Albert Pierrepoint se desplazaba desde Londres solo para ejecutarlos. Se conocen, al menos, el caso de dos jóvenes de la Línea de la Concepción que sufrieron este destino.

‘Reina de Corazones’

En ese momento, los servicios de espionaje británico y germano eran los más importantes. Es cierto que ningún país los había desmantelado por completo tras la Primera Guerra Mundial, pero fueron ellos los que más invirtieron en su mantenimiento y desarrollo, por lo que estaban mejor preparados cuando Hitler ordenó la invasión de Polonia en septiembre de 1939. Además, muchas de las agentes secretas que habían entrado en acción entre 1914 y 1918 fueron reclutadas en ese momento, aunque no hubieran trabajado en el periodo de entreguerras. Eso hizo que la intervención femenina en la Segunda Guerra Mundial aumentara considerablemente.

Larissa quisó ser parte de ello y siguió adelante. Era una fiel creyente de la causa nazi contra el comunismo a pesar de haber nacido en Rusia, la principal enemiga de Alemania. Eso la convirtió en uno de los casos más cercanos de una espía al servicio de Hitler de España. Ian Fleming se inspiró en ella para crear a las primeras chicas Bond, pero su historia es más compleja e interesante que la de los personajes de la saga del Agente 007. En primer lugar, por su origen familiar, y después por cómo llegó a nuestro país, cómo fue reclutada por el Tercer Reich y cómo acabó convertida en una agente doble que realizaba la mayoría de sus trabajos acompañada de su hija de 11 años: Liana Romero.

Swirski había nacido en Odesa, en 1910. En aquel momento, la ciudad ucraniana estaba integrada en el Imperio Ruso y ella pertenecía a una familia noble emparentada con el zar Nicolas II, el último eslabón de la dinastía que dirigió Rusia durante tres siglos. Sin embargo, con el advenimiento de la URSS comenzó su odisea. La mayoría de sus primos, hermanos y sus propios padres fueron ejecutados por los bolcheviques con el triunfo de la Revolución de Octubre en 1917. Ella escapó por los pelos y comenzó un largo periplo por Europa hasta que cumplió la mayoría de edad.

Su primer destino fue Berlín, de donde se mudó después a París. En la capital francesa se codeó con celebridades como el pintor Salvador Dalí o la diseñadora Coco Chanel. Su apellido, sin duda, le ayudó a establecer contactos con la élite cultural y económica del continente. Al final acabó casada con un militar sevillano, Manuel Romero, íntimo amigo del hermano pequeño de Franco y se trasladó a España durante la Segunda República. Fue la primera rusa que vieron en la capital andaluza cuando llegó en 1932 luciendo un anillo con diamantes, una de las pocas joyas de la familia que pudo salvar en su rápida huida de la Unión Soviética. Allí nació su hija Liana, que este verano ha estado grabando un documental sobre su madre, en Cádiz, dirigido por Chema Ramos. Su título, ‘Reina de Corazones’, en referencia al nombre en clave de Larissa.

El peligro de Gibraltar

Cuando este fue destinado a la Comandancia de Marina ceutí, ella le acompañó sin dudarlo. Allí hizo amistad con Anita Colombo, una espía italiana que trabajaba para el servicio secreto alemán, cuya base estaba en Tánger. Era la misma época en la que su casa era visitada por un misterioso personaje llamado Luis Gurruchaga. Se trataba de un médico nazi que había trabajado en varios campos de concentración y que, además, había salvado la vida a cientos de vecinos de Chipiona y alrededores con la penicilina que traída de contrabando, según cuenta el libro ‘Doctor Pirata: Un médico nazi en la España de Franco’ (2020), de Wayne Jamison.

Fue Colombo quién convenció a Swirski de que se uniera como espía al Tercer Reich. El argumento fue sencillo: su trabajo contribuiría a aplastar a aquellos que habían asesinado a su familia en Odesa y podría recuperar parte de lo que le había arrebatado los bolcheviques. En Tánger recibió el entrenamiento necesario. Más tarde, su marido y ella se instalaron en el Campo de Gibraltar, en una preciosa casa entre La Línea y Algeciras, muy cerca de donde la Armada británica mantenía una base crucial para el control del Estrecho.

Su primera misión fue informar de la ubicación de los barcos aliados que estaban atracados en el puerto del Peñón para que los hombres rana italianos y alemanes pudieran colocar bombas lapa en sus quillas. Swirski solía caminar tranquilamente con su hija para que pareciera que estaba solo de paseo, mientras iba recabando toda la información que podía. Era los ojos de Hitler en la colonia inglesa que el ‘Führer’ tanto deseaba conquistar con ayuda de Franco.

Un día estuvo apunto de ser descubierta cuando le pararon en la aduana mientras se dirigía con su diminuta cámara Minox, de fabricación alemana, a fotografíar el estado en el que habían quedado unos depósitos de combustible del muelle tras un ataque submarino de los italianos. Uno de los guardias debió sospechar y la detuvieron para someterla a un riguroso cacheo en la que tuvo que quitarse toda la ropa hasta quedarse desnuda. En un momento dado, uno de los agentes se despistó y la espía escondió la cámara en la bota de Liana y el carrete dentro de un guante que tiró al suelo. Aquellos movimientos la salvaron, posiblemente de acabar ahorcada.

El cambio de bando

En otras ocasiones se llevaba a su hija. Otro día tuvo que salir con una lancha a dibujar los detalles de los portaaviones enemigos atracados en el muelle. Liana remaba contenta, pues le encantaba el mar, mientras ella trabajaba. De repente, apareció una lancha rápida británica por su espalda. Su hija le advirtió de que tirara el cuaderno, pero Larissa se lo metió en el bolsillo. Sabía que este se quedaría flotando en el agua si le hacía caso. Los soldados le ordenaron que subiera con ellos a bordo. En un principio se negó alegando que estaba en aguas internacionales, pero al final aceptó y no tuvo consecuencias. Simplemente querían alejarla de allí, pues no era un lugar seguro para dos señoritas y mucho menos de acceso libre.

Todo cambió para Larissa el día que su hermana fue a visitarla a Gibraltar desde París. Cuando la tuvo delante, le confesó a Larissa que era miembro de la Resistencia francesa y le reveló el genocidio judío que los nazis estaban llevando a cabo en los campos de concentración. Aquello supuso una gran conmoción para la espía, pues esas noticias eran censuradas por la prensa en plena dictadura de Franco, y no le resultó difícil cambiar de bando. En Gibraltar los servicios secretos eran muy activos y pudo contactar con algún enlace, en medio de los preparativos para la mencionada Operación Félix que jamás se puso en marcha.

Larissa se convirtió en una de las agentes dobles más destacadas de la zona, con el objetivo de que la invasión del Peñón no se llevase a cabo. Los alemanes pronto sospecharon de ella, pues su actitud había cambiado, e intentaron tenderle una trampa: la encomendaron una misión en Argentina, con la idea de arrojarla al fondo del mar a mitad de travesía. Afortunadamente, los aliados la previnieron antes y ella se excusó ante los nazis diciendo que tenía que ir a Sevilla con su marido. Estos accedieron y finalmente no les acompañó. En la capital andaluza abandonó sus labores de espionaje y vivió en paz hasta su muerte en 1977.

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