Historia

Felipe H. Cava y Miguel Navia: «La memoria histórica es un oxímoron que nos divide»

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Manuel Muñiz MenéndezABC

El nuevo proyecto de Felipe Hernández Cava y Miguel Navia, «Estampas 1936», condensa el comienzo de nuestra Guerra Civil en 36 imágenes de impactante claroscuro, por las que pasan el miedo, el odio y el horror

La tragedia, condensada en 36 visiones. Ese podría ser el resumen de « Estampas 1936» (Norma), el cómic en el que Felipe Hernández Cava (Madrid, 1953) y Miguel Navia (Madrid, 1980) retratan el comienzo de la Guerra Civil en unas páginas por las que pasan milicianos, aviadores de la Legión Cóndor, Antonio Machado, corresponsales y, sobre todo, las personas anónimas que más tuvieron que sufrir el horror de la guerra.

¿Por qué seguimos dándole vueltas a la Guerra Civil?

Felipe Hernández Cava: A mí me gustaría que la interpretación de este drama quedase en manos de los historiadores, sean cuales sean sus ideologías, mejor cuanto más diversas. Y que, al mismo tiempo, recuperáramos todas la memorias posibles de

los testigos directos. Son algunos políticos los que han decidido que el tema continúe enquistado y sirva para dividirnos con apelaciones a un oxímoron como la memoria histórica o a perversiones como la denominada memoria democrática.

Miguel Navia: Imagino que es inevitable, la sociedad se construye sobre los cimientos de todo lo que pasó anteriormente y la Guerra Civil es un punto decisivo en nuestra historia. Intento no pensar mucho en la percepción general que impera hoy sobre aquellos años. Si por casualidad me llegan impresiones de tertulianos o políticos sobre la Guerra cuando estoy trabajando, se me suelen quitar las ganas de dibujar.

¿Cómo han decidido qué estampas escoger? ¿Quién proponía los temas y las situaciones?

F. H. C.: Barajábamos docenas de situaciones y finalmente yo decidía cuáles someter al dictamen de Miguel. La principal premisa era, como dijo Albert Camus, ponernos al servicio no de quienes hacen la historia, sino de quienes la padecen, fuese cual fuese la ideología de los mismos.

M. N.: Felipe siempre barajaba varias situaciones que me iba comentando y, llegado un punto, me mandaba un documento con el texto y algunas fotos. Luego yo contrastaba esas primeras fotos con otros materiales y bocetaba escenas, para tener la tranquilidad de que las imágenes se hacían contando con todos los factores posibles. Siempre queda la cosa de «¿…y si hubiera hecho esta ilustración sobre este boceto en vez de aquel otro?».

¿Cómo se han documentado?

F. H. C.: Los personajes brotan de los muchos testimonios directos que he escuchado a lo largo de mi vida y de las infinitas lecturas que llevo acumuladas sobre este asunto, pero, evidentemente, ha habido luego una recreación de todo ello hasta conferir al trabajo un interés literario. Hay tanta ficción controlada como realidad.

M. N.: En mi caso he recurrido a libros, documentales… también he ido a lugares que se conservan para fotografiarlos, he consultado páginas de internet, tengo miniaturas a escala de algún coche de la época y, por supuesto, las fotos que me manda Felipe cada vez que le da vueltas a alguna historia.

«Estampas 1936». Felipe Hernández Cava y Miguel Navia. Norma, 2020. 88 páginas, 22 euros.
«Estampas 1936». Felipe Hernández Cava y Miguel Navia. Norma, 2020. 88 páginas, 22 euros.

¿Hay algo que hubieran querido retratar y finalmente no entró en el cómic? ¿Lamentan haberse ceñido a 1936?

M. N.: Sí, hay algunas situaciones: yo tengo una imagen mental de la estación de Atocha desbordada por refugiados que me hubiera encantado hacer y sé que Felipe manejaba algunas más. Pero llega un momento que tienes que ir terminando los trabajos. Mi proceso de trabajo es muy lento y mis manos no van tan rápido como quisiera, por lo que ya tengo asumido que no podrá ir cuanto me gustaría en cada proyecto que empiezo. De todos modos Felipe y yo seguimos trabajando juntos y ya hemos hecho más cosas sobre la Guerra Civil, amén de otras que tenemos en mente y pretendemos sacar más adelante.

F. H. C.: Desde el principio fuimos conscientes de que nuestro propósito nos desbordaba: abarcar todos los años de guerra. De modo que nos ceñimos a treinta y seis estampas de 1936. El inicio de la guerra resulta tan esclarecedor de lo que sería el resto de la misma que aceptamos que ese fuese el límite. Eso, claro, nos obligó a dejar de lado muchas cosas, pero el resultado final nos parece lo suficientemente elocuente.

¿Les preocupaba que hubiera un cierto equilibrio entre ambos bandos?

F. H. C.: El punto de vista que escogimos no es equidistante; es, eso sí, ecuánime y todo lo honrado que hemos podido. Queríamos huir del sectarismo y del maniqueísmo hegemónicos a la hora de examinar un tiempo que les tocó vivir a nuestros padres y a nuestros abuelos y sobre el que la mayoría, a partir de 1978 (algunos ya antes), hicieron un meritorio examen de conciencia que ahora se quiere adulterar o prescribir.

El libro es, también, una reivindicación de la llamada Tercera España, cuyos miembros son a menudo descalificados por los que los ven como unos escapistas de la toma de partido, o, desde otra perspectiva, como unos melindrosos en reconocer que en su fuero interno eran de derechas, pero que no querían «mancharse» alineándose con los nacionales. Gentes como Chaves Nogales o Clara Campoamor, aplastados por unos y por otros, representan el verdadero ideal de la República y el rechazo a los totalitarismos de cualquier signo.

¿Por qué optar por este formato de «estampas»?

F. H. C.: Miguel y yo trabajamos en otros proyectos con criterios secuenciales, más de cómic convencional, pero el dibujo de él contiene tales dosis de memoria y de historia que era evidente que esta opción de las estampas confería a cada tema una mayor rotundidad.

Gráficamente, han optado por un blanco y negro con muchos claroscuros. ¿Pensaron en esa estética desde un principio?

F. H. C.: Blanco, negro y grises son perfectos para retratar aquellos días, y no sólo por su mayor componente dramático, que tuvimos muy en cuenta, sino porque en nuestro recuerdo, como en el de casi todos, aquellas jornadas viven reflejadas con esa sobriedad expresiva.

M. N.: Yo venía de hacer dos libros con esta técnica, que no deja de ser la misma que utilizaban los dibujantes clásicos que más admiro.

Si se tuvieran que quedar con una estampa que les afecte especialmente, ¿cuál sería?

F. H. C.: Difícil pregunta, pero, si tengo que elegir una, me quedo con la que alude al asesinato y decapitación del general López Ochoa, cuya cabeza, ensartada en un palo o una bayoneta, fue paseada por las calles de Madrid. Era la constatación de que el ambiente de ese momento presentaba muchas similitudes con el período del Terror en la Revolución Francesa.

M. N.: Según lo terminé me gustaban más unas u otras, pero a día de hoy no sabría con cual quedarme.

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