Economia

Un par de “pequeños” detalles sobre el riesgo de inflación

Supongo que cuando los banqueros centrales dicen que no hay riesgo de inflación, lo hacen porque quieren dejar que suba durante cierto tiempo, eliminando así definitivamente el riesgo de deflación. Porque no me entra en la cabeza que piensen que la inflación que tendremos en los próximos dos o tres años va a ser igual que la que teníamos antes de la pandemia.

En primer lugar, porque ellos son los primeros que tienen que ser conscientes de que han llevado las inyecciones de liquidez a niveles estratosféricos. En segundo lugar, porque son perfectamente conocedores de los planes de estímulo que van a poner en marcha los gobiernos.

Además, siendo académicos como son, se supone que no se les habrán pasado por alto un par de detalles importantes.

El primero, los precios inmobiliarios. Curiosamente en España se está notando menos, pero eso es porque España está en mucha peor situación económica y sus expectativas son mucho peores que las de Estados Unidos o el resto de Europa. Pero si miramos por ejemplo a Norteamérica, la situación es llamativa. En un sitio como Ohio, donde normalmente se tardan 100 días en vender una vivienda, ahora se venden en 10. Y a precios muy superiores a los de antes de la pandemia. No les quiero decir en Nueva York o California.

Evidentemente estas subidas hay que encuadrarlas en el rebote de los precios tras la pandemia, pero con matices importantes. El primero es que los precios ya estaban aumentando durante la pandemia, probablemente por las condiciones de financiación tan favorables que estaba generando la Fed. La segunda cuestión es que los precios ya están por encima de cómo estaban antes de la pandemia. La tercera es que las expectativas de crecimiento económico a partir de ahora son muy superiores a antes de la pandemia y el crecimiento ayuda a que suban los precios inmobiliarios.

Luego hay un asunto del que se habla muy poco, pero que no es menos importante: la capacidad de la industria mundial para hacer frente a un serio aumento de la demanda global, cuando resulta que todas las inversiones realizadas a lo largo de los últimos 10 años han ido a aumentar la capacidad del sector tecnológico.

El objetivo de la inundación de liquidez y de los planes de estímulo es impulsar el crecimiento económico. Y nadie duda de que, al menos para los próximos dos años, conseguirán su objetivo. A un año vista se esperan crecimientos en el entorno del 5% o 6% en las economías avanzadas. A dos años se espera algo menos, pero claramente por encima de los niveles previos a la pandemia.

Cuando la economía crece, los consumidores consumen. Y no solo consumen tecnología o software, también compran “cosas”, es decir, bienes físicos, como puede ser un automóvil o una lavadora. Bienes que se fabrican con productos industriales, que a su vez se crean utilizando materias primas.

El problema de la producción industrial es que, para incrementarla, se necesita ampliar las fábricas. O crear fábricas nuevas. Como en los últimos 10 años la gran mayoría del capital se ha ido a negocios tecnológicos – a buscar “unicornios” – , la tecnología está preparada para hacer frente a un incremento de la demanda, pero el sector industrial no lo está tanto. Y mientras la demanda sea mayor que la oferta, los fabricantes pueden aumentar precios.

Se podría argumentar que China es capaz de atender cualquier demanda industrial del mundo y sería cierto. Pero resulta que otra característica del nuevo escenario es un mayor nivel de proteccionismo, especialmente frente a China. Como es lógico, los gobiernos occidentales no quieren que sus planes de estímulo acaben beneficiando sólo a las empresas chinas, porque entonces quien crece es China.

Ocurre algo parecido con las materias primas. No se amplía la capacidad de producción de una mina como quien crea una app. Al igual que con la oferta industrial, hace falta tiempo para que una explotación minera esté en condiciones de cubrir la demanda que genera un mayor crecimiento.

Con esto no quiero decir que la inflación vaya a aumentar mucho, puesto que la revolución digital y la globalización actuarán de freno, pero sería muy inocente pensar que durante los próximos dos años vamos a tener el mismo nivel de inflación que en los dos años anteriores a la pandemia. Y si los bancos centrales no quieren verlo, o la presión política les impide reconocerlo, los inversores si que deberían hacerlo.

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