Economia

El 42% de los españoles redujo el uso del transporte público en 2020 debido a la pandemia

Los usuarios reclaman más frecuencias que permitan aumentar la distancia de seguridad para volver a desplazarse en metro o en autobús.

Uno de los efectos secundarios más dañinos que ha traído consigo la Covid-19 ha sido la reducción del uso del transporte público. Los datos iniciales, que señalaban un aumento del uso de los vehículos particulares frente a los servicios de transporte, se han traducido en una reducción muy acentuada de los usuarios que optan por el transporte urbano.

Un 42% de los españoles ha reducido el uso de este tipo de servicios debido a la pandemia. Un dato que confirma las previsiones más pesimistas de cómo la crisis sanitaria iba a modificar el mix de la movilidad en las ciudades españolas. Y es que, la disminución en el uso del transporte público ha traído de la mano un gran impacto a las cuentas de los operadores y un aumento de las emisiones ocasionado por la utilización de vehículos contaminantes.

La segunda edición del informe global de transporte público realizado por Moovit, la plataforma de movilidad con más usuarios en España, ha analizado las tendencias de consumo de transporte público en 28 países a nivel global, encuestando a más de 6.000 usuarios en España repartidos en 12 localidades. Un estudio que deja patente el cambio de tendencia en las prioridades de los ciudadanos españoles.

El informe destaca entre las medidas que ayudarían a que parte de estos usuarios volvieran al transporte público, la necesidad de asegurar una mayor frecuencia de vehículos para evitar aglomeraciones y poder mantener la distancia de seguridad, la desinfección regular de los vehículos, el respeto a las normas de seguridad e información en tiempo real de llegadas para evitar esperar en las paradas y estaciones.

Desplazamientos más cortos

Uno de los datos más significativos del estudio señala que en todas las ciudades españolas analizadas, la distancia de los viajes se ha reducido, especialmente en las pequeñas localidades. En 2019, la distancia media recorrida fue de 6,6 kilómetros. Durante el pasado año esta cifra se redujo hasta los 6 kilómetros de media.

Las localidades en las que más distancia se recorre fueron Tenerife (10,83 kilómetros), Mallorca (10 kilómetros), Madrid (9,36 kilómetros), o Barcelona (8 kilómetros). Los desplazamientos más cortos se realizan en Burgos (2,21 kilómetros) y Granada (3,51 kilómetros).

Madrid es la séptima ciudad europea con los trayectos más largos, por detrás de París, Berlín, Lisboa, Roma, Atenas y Londres, donde los desplazamientos duran entre 47 y 50 minutos. Los viajes más cortos de España se encuentran en Burgos (22 minutos), Granada y Bilbao (25 minutos). El 50% acude a su destino en línea directa, sin necesidad de transbordos, mientras que el 33% debe realizar dos transbordos.

La duración media de un trayecto en España es de 30,25 minutos, con Madrid (45 minutos), Barcelona (37 minutos), Málaga, Sevilla y Valencia (31 minutos) a la cabeza de las ciudades en las que más tiempo pasan los usuarios en el transporte público.

Más de dos horas en el transporte público

Cabe destacar que en las grandes capitales se ha incrementado el número de usuarios que dedican dos horas o más a sus trayectos con respecto a 2019. En Madrid este porcentaje ha aumentado un 34% y en Barcelona un 56%, posible efecto del traslado de los usuarios fuera de las grandes urbes a zonas rurales debido a la pandemia.

En lo que respecta al tiempo que esperamos a que llegue el transporte, en España dedicamos una media de 11 minutos, menos que en importantes capitales como Roma, donde la espera llega a 15 minutos o Nueva York, que se queda en 13 minutos. No obstante, algunas localidades como Tenerife (15 minutos) y Mallorca (14 minutos) se encuentran entre el top 10 de ciudades europeas donde los ciudadanos deben esperar más en las paradas y estaciones.

Mientras, Burgos o Bilbao están a la cabeza de Europa en cuanto a menores tiempos de espera, con 9 y 8 minutos respectivamente. A nivel mundial, la ciudad en la que los ciudadanos deben esperar más tiempo es Recife, en Brasil, con una media de 31 minutos.

Además, el 49% de los ciudadanos desearía poder pagar sus viajes con el móvil. Las ciudades en las que más se demanda el pago móvil son Tenerife (57% de los encuestados), Madrid (56%), Mallorca (55%) y Valencia (53%).

Crece el uso de los servicios de micromovilidad

Otro de los efectos de la Covid-19 ha sido el incremento del uso de opciones de micromovilidad en las ciudades. El 31% de los españoles ha usado bicicletas, scooters o patinetes en 2020. Esta cifra supone un incremento del 7% desde 2019. Un 12,4% de los usuarios declara que hace uso diario o frecuente de al menos 3 veces a la semana. Las ciudades españolas en las que más se usa la micromovilidad son Sevilla, Burgos y Valencia.

Entre aquellos que apuestan por estos servicios, el 65% acude directamente al destino y el 35% la combina con el transporte público. Las razones para su uso son principalmente la rapidez en contraste con caminar, llegar a puntos a los que no llega el transporte público y respetar el medioambiente.

La comodidad de poder aparcar donde uno quiera y el sentirse más seguro debido a la Covid-19 comparten el cuarto puesto. El precio se indica como último motivo. Las razones para no usar estos servicios por parte de los usuarios van desde la falta de seguridad, a la inexistencia de carriles por los que circular en su ciudad.

En opinión de Yovav Meydad, Chief Growth Marketing Officer de Moovit, “en la industria del transporte público, los macrodatos pueden ayudar a ciudades y operadores a entender las necesidades de los pasajeros con el fin de aumentar el uso del transporte público. Este informe es una útil herramienta que operadores y municipios pueden usar para conocer qué servicios pueden ofrecer para optimizar y mantener su ciudad en funcionamiento”.

Así las cosas, el transporte público encara en 2021 el año más importante de su historia reciente. Un periodo que será clave para recuperar la confianza de los usuarios y revertir la tendencia a los desplazamientos individuales. Cuanto más tarden los usuarios en volver a optar por el transporte urbano más grande será el impacto económico y medioambiental que sufrirán las ciudades españolas.

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