Economia

Antonio Torralba: el español que mueve los hilos de los algoritmos en el MIT

Esther Paniagua 

El investigador español del MIT crea guantes capaces de sentir y sistemas inteligentes que manejan avatares como en Los Sims.

Antonio Torralba puede presumir de estar en la cresta de la ola de la innovación mundial. Hasta hace poco era codirector del laboratorio MIT-IBM Watson AI Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y director inaugural del ambicioso MIT Quest For Intelligence: una iniciativa que nació desde la presidencia de la institución -de la mano de Rafael Reif- con el objetivo de entender qué es la inteligencia y cómo funciona el cerebro humano a nivel cognitivo.

Hace un año, Torralba tuvo que dejar ambos cometidos para dedicarse a otro proyecto clave para el MIT: dirigir su nueva Facultad de Inteligencia Artificial y Toma de Decisiones (la AI+D Faculty). Paralelamente, sigue dedicando una gran parte de su tiempo a la investigación: su gran pasión. Y lo hace nada menos que en el laboratorio de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial del MIT: el mítico CSAIL.

Torralba podría presumir de todas estas cosas pero no lo hace. Y además está siempre dispuesto a dedicar parte de su escasísimo tiempo libre a la divulgación. Atiende a D+I en formato videoentrevista desde su improvisado despacho en su hogar en Cambridge (Massachusetts, EE.UU). El mismo despacho desde donde dicta conferencias y clases, coordina investigaciones, realiza tutorías y prepara el que será el primer Grado en Inteligencia Artificial y Toma de decisiones del MIT.

Ese grado será la materialización del abordaje de la inteligencia artificial (IA) como unidad académica, y no únicamente -como hasta ahora- como materia distribuida entre diferentes áreas o como centro de investigación. Parte de su trabajo consiste en contratar nuevo profesorado y definir el currículo: el contenido de esa nueva graduación, que es uno de los objetivos prioritarios detrás de la creación de la AI+D Faculty. “No se trata de coger asignaturas de aquí y allí y combinarlas, sino de definir cuáles son los fundamentos que tiene que conocer un investigador o ingeniero en este ámbito y en qué disciplinas se debe ir especializando, sin poner como condición que tengan que ser asignaturas preexistentes”, explica.

Para llegar a ello ha compuesto un comité de investigadores que trabajan en diversas áreas: robótica, teoría de control y procesado de señal, visión por ordenador, computación gráfica, lenguaje natural, teoría del aprendizaje automático e impacto social. “Por el momento estamos definiendo las asignaturas con las que queremos experimentar”, afirma.

El sentido del tacto va a ser esencial en la robótica del futuro

Una de esas asignaturas experimentales es el Álgebra Lineal. Su aproximación a esta no es desde el punto de vista matemático tradicional sino basándose en ejemplos de problemas reales de la IA. “Eso le da una perspectiva más moderna en la forma de aprender los conceptos, que además ayuda entender muy bien estructuras a veces abstractas y complicadas”, señala.

En principio, esta y otras materias experimentales empezarán formando parte de otros grados -por ejemplo el de Informática- con el objetivo de que en un momento dado formen un grado único. “Me gustaría tener un primer prototipo sólido de este primer grado para verano de 2021. Será algo que irá evolucionando con el tiempo, ya que en el MIT hay mucha flexibilidad para definir nuevas asignaturas y cambiar su contenido”, asegura el investigador.

Antonio Torralba, investigador español del MIT

La nueva facultad ofrece un hogar a todos los profesores y profesoras que trabajan en áreas de IA y toma de decisiones. Entre ellas se incluye también una perspectiva ética de la tecnología. “Queremos incorporar estudios sobre impacto social y ética no como una sola materia sino como ejercicios en prácticamente todas las asignaturas. Asegurar que estas cubran los aspectos de impacto social relevantes que les corresponden”, comenta. “Además -añade- habrá alguna asignatura en la que este será directamente el tema de estudio”. Por ejemplo, Equidad del Aprendizaje Automático, para el diseño de algoritmos justos, imparciales y equitativos.

Torralba asegura que esta nueva facultad intenta dar respuesta a la demanda de los estudiantes “que quieren un currículo más amplio”. ¿También a las demandas del mercado? “Tenemos en cuenta el mercado y las necesidades corporativas pero eso no define el contenido del currículo. En el fondo, las cosas que enseñamos no están lejos de lo que las empresas necesitan. Las compañías estadounidenses tienen un perfil tecnológico muy alto y por ello los estudiantes necesitan todo lo que les vamos a enseñar, no hay nada demasiado abstracto o teórico”, señala.

IA con sentidos

Su laboratorio -dice- no ha parado de trabajar a pesar de la pandemia. Como tema general, Torralba intenta construir sistemas que aprendan de una forma similar a como lo hacen las personas. “Sobre todo que, o bien no necesiten muchos datos, o bien estos no deban anotarse manualmente”, acota.

El investigador trabaja sobre la base de que uno de los fundamentos del aprendizaje humano -o de cualquier sistema biológico- es que tenemos muchos tipos de mecanismos perceptuales. “La interacción de los sentidos da mucha información sobre el entorno. El pensamiento simbólico también es muy importante pero probablemente sea la capacidad sensorial lo que realmente nos hace tan diferentes de las máquinas”, hipotetiza.

En su laboratorio, el Torralba Lab, trabajan en desarrollar diferentes sentidos de forma artificial. Por ejemplo, el tacto: un sentido que el investigador considera especialmente importante. “La piel humana es una gran cámara”, afirma. Por eso están desarrollando un guante que funcione como una piel que permita percibir el tacto en grandes superficies. “Hasta ahora se han desarrollado sensores muy sensibles para zonas muy pequeñas como la punta de los dedos. El guante te permite ampliar esa sensibilidad a toda la mano y entender las propiedades físicas de lo que está tocando o cogiendo”, explica.

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