Cultura

Miura: «Les guste o no a los políticos, a España se la conoce por dos cosas: los toros y el flamenco»

Eduardo y Antonio Miura
Eduardo y Antonio Miura

Rosario PérezABC

La mítica ganadería, con casi dos siglos de historia, es santo y seña de San Fermín y la Feria de Abril, donde Morante de la Puebla se ha apuntado al hierro de más leyenda negra

Solo su nombre infunde respeto: Miura. Temor, recelo, cerote, medrana, pánico, canguelo, julepe, jindama, repullo… Todos los sinónimos de miedo recitados por Juncal se congregan en una divisa que va camino del bicentenario. En la carretera de Lora del Río, dos calaveras asoman delante de un paraíso ecológico. Son el símbolo del hierro de más leyenda negra, pero también de las glorias más soñadas. La tradición y el amor al toro rezuman en cada rincón de ‘Zahariche’, la finca sevillana que esconde los secretos de la bravura de ayer y hoy. Casi dos siglos de tradición ganadera que son dos siglos de Historia de la Tauromaquia y de España. Basta con asomarse al salón del cortijo

para ver la evolución del toro y de la sociedad, desde el ‘Capachito’ de Joselito a la estampa cipresal de Manolete o los mostachos en blanco y negro de los tendidos. Al fondo, el conocedor repasa la camada a caballo. Sobre la alfombra esmeralda de un inmenso cerrado, los miuras observan cada movimiento. En medio de un abanico de pelajes y pinturas imponentes, el número 28, totalmente encampanado, hace amagos de arrancarse. «Ese tiene ganas de guerra», dice Eduardo Miura mientras recorremos el cercado en un todoterreno. Su hermano Antonio y su hijo Eduardo están al quite. Dos miuras reseñados para Pamplona y un tercero para Sevilla observan con cara de pocos amigos. Impresiona su mirada. Más vale abandonar pronto su territorio y no llevarles la contraria, que diría Pepe Luis…

—¿Cómo logra Miura ese culto de aficiones tan dispares como Pamplona y Sevilla?

—Eduardo Miura: Creo que es por los años que llevamos, por la tradición, por el trabajo que ha hecho nuestra familia. Hemos criado un estilo de toro muy especial, con esa diversidad que ha caído siempre bien en la Fiesta y que se echa en falta ahora.

«La Fiesta necesita envites como el de Morante y salirse del sota, caballo y rey»

—San Fermín, uno de sus puertos, no cierra la ventana a dar corridas.

—Antonio Miura: Sería un alivio para la Fiesta. No habría encierros, pero están con la idea de dar corridas. La MECA hará sus números porque ella tiene que sacar un dinero que necesita. Sería importante que esto se mueva y que los que están en contra vean que el mundo del toro no se deja ganar la pelea.

—Otro año más como 2020, ¿sería soportable?

—A.M.: Un año se aguanta, malamente, pero se soporta. Otro no lo veo. Aquí los que estaban trabajando en 2019 continúan en 2021. Otro año sin ingresos preferimos ni planteárnoslo, porque dan ganas de cerrar el quiosco.

—E.M.: El panorama ganadero y de la Fiesta en general es muy complicado.

—A.M.: La parte económica no está bien. Si eres aficionado y antes ibas a cinco corridas, ahora vas a una porque el bolsillo no permite más. A eso se junta la cuestión de los antis y la política. Intentaremos sobrevivir y aguantar el tirón.

Eduardo Miura hijo

—¿Han calculado las pérdidas?

—E.M.: Si coges papel y lápiz para hacer cuentas, te asustas de tal manera que te puedes pegar hasta un tiro. Las pérdidas han sido importantes, pero agua pasada no mueve molino.

A la derecha del padre, otro Eduardo, escucha atentamente. ¿Interesa continuar? «Más vale que la respuesta sea sí», dice su tío Antonio. «He aprendido que esto no es un negocio, sino una forma de vida –señala el heredero–. Antes se preocupaban de que los toros embistieran; ahora, con la política, todo son piedras en el camino. Pero no pierdo la ilusión, porque es un mundo que merece la pena y que tiene mucha verdad, algo que no se encuentra fácilmente».

—¿Se preocupan los gobernantes del campo?

—A.M.: Depende de cómo les venga la ola. Si es para ponerse la medalla, están en primera fila; si no, se esconden.

—¿Qué es lo mejor que se ha hecho por los ganaderos?

—E.M.: Ha tenido que venir Europa para darnos algo, unas ayudas específicas que nunca se habían tenido.

«España es una piel de toro, pero si quieren la llamamos piel de lobo»

—¿Alguna época fue tan difícil ser criador de bravo?

—A.M.: En cuestión del manejo no tiene nada que ver, antes el ganado estaba mucho más salvaje, ahora está más manoseado. Y en cuestión del papeleo, te comen los partes de la administración. Es horroroso.

—La afición se queja de la falta de variedad en los carteles.

—A. M.: Lo peor que hay es la monotonía, ver un cartel en su sitio cualquiera y al día siguiente, a 50 kilómetros, el mismo. No te mueves, si ya lo has visto… Sería menester que hubiera más diversidad. Pero eso es complicado, todos los años pasa igual, con los toreros eligiendo sus ganaderías. Indudablemente, si no embistieran, no se apuntarían, pero está todo demasiado cerrado.

Los hermanos Miura

—¿Les agrada el gesto de Morante de la Puebla pidiendo miuras en la Maestranza?

—E.M.: Pues sí, al menos hace un envite. La Fiesta quiere eso: salirse del sota, caballo y rey. Y, una vez que hace el esfuerzo y si se puede desarrollar, que tenga premio, que se lo merece.

—Solo ver su nombre junto a la A con asas impone a los toreros. ¿Un ganadero también pasa miedo?

—A.M.: Más, y no diez minutos, sino dos horas. O tres, que es lo que duran hoy día. Un miedo de responsabilidades, de saber que te están esperando. Hay veces que las cosas no salen bien y te llevas el disgusto. Y oye, si salen bien, encantado, pero pensando en la que viene detrás. Uno no puede echar las campanas al vuelo por mucho que le salgan bien dos o tres corridas, o incluso una camada, porque luego sale la siguiente al revés, aunque sean prácticamente de los mismos sementales. En la genética del toro bravo, dos y dos no son cuatro. Y al animal le pasará como a nosotros, que les influirá el clima, el viaje… Hay veces que a los animales no les da tiempo prácticamente a descansar y salen con mucho estrés.

«Con Sánchez y compañía, que Dios nos coja confesados, a pesar de que ellos son poco creyentes»

 

—Además de las vacas, ¿quién sabe de toros?

—E.M.: El de arriba. Los que estamos aquí en la tierra nos creemos que sabemos de toros, pero muchas veces te das cuenta de que mientras más tiempo llevas, menos vas sabiendo y te sorprenden cosas que no esperabas. Aquí nunca te puedes creer que has llegado arriba, nosotros nunca hemos llegado a la meta. Cuando pareces alcanzarla, te la pones más arriba. Cuando escucho a ciertos compañeros diciendo «no, yo la ganadería la tengo ya dominada», me sorprendo: mi familia lleva dos siglos en esto y todavía no la ha dominado. Seremos muy brutos.

Toros

—Otrora sus corridas las lidiaban Manolete, Pepe Luis Vázquez o Pepe Bienvenida. Trasladado a las figuras de hoy, ¿sería impensable ese cartel?

—A.M.: Podrían matarla, pero aquello era otro tiempo, otra época. Antes se les exigía más, tanto el aficionado como la prensa. Ahora cuando las matan es un gesto. Por esa regla de tres, el que la mata normalmente está haciendo gestos todo el tiempo. Si embiste, triunfan con ella, y si no, pues a matarla. El toreo ha cambiado mucho. Antiguamente les decían: «Eso igual, pero con una de Miura».

—Cuentan que Camará quiso que Manolete estoquease una de Miura para clarear el escalafón.

—Eso lo contaba mi abuelo y Manolete la mató de novillero en Algeciras. Era otra época, otra sociedad, se hacían cosas que no se harían ahora, ni en la plaza ni en el campo. También Camará hijo le contó a mi padre que después de torear en Sevilla, en una gasolinera le dijeron: «Enhorabuena, maestro, pero eso con una de Miura». Y Manolete se volvió a su apoderado: «¿Ha escuchado usted, don José?» Al año siguiente la mató. Estoy seguro de que todos los que están ahí delante son capaces de matarla. Muchos vienen a tentaderos y salen encantados, pero con el varón de los cuatro años les cuesta más trabajo.

«Vivimos en la sociedad de Disney, un mundo de mentira donde se oculta la muerte»

—¿Ha vuelto a interesarse El Juli por alguna corrida suya después de no poder lidiar la de la Feria de Abril?

—A.M.: Ha venido bastante. Disfruta porque las becerras le exigen, tiene que estar con ellas en tensión. Julián mató una en Valencia y otra en Nimes, pero nunca ha tenido suerte. La única que embistió de verdad fue la que no mató.

—¿Ha evolucionado más el toro o el público?

—E.M.: Ha evolucionado todo, los toros por supuesto, porque para torear como se torea ahora ha tenido que evolucionar el animal. Y el público, también: antes había mucha afición y ahora hay espectadores, que no es lo mismo. Si hoy vas a la plaza y preguntas quién torea, quitando cuatro, no saben ni quiénes son. Antes la afición se imponía a la masa, ahora cuesta mucho más trabajo y suelen ir con ideas preconcebidas. Esto no es cuestión de libros, es cuestión de ver muchos toros, de matices muy difíciles.

—¿Qué hay de cierto en eso de que hoy se torea mejor que nunca?

—E.M.: Estéticamente, sí, porque el toro que se lidia permite ese toreo. Cuando sale un toro que lleva la contraria al torero, pasa a un segundo plano. Antes era menos estético pero más imprevisible. Ahora llega un momento en que, por muchos pases que peguen, aquello no impacta.

—¿Por qué el toro siempre es el culpable de todo?

—A.M.: Porque no habla.

—E.M.: Y el ganadero tampoco.

—A.M.: Como no habla, no se puede defender el animal. El toro que despunta mucho todo el mundo lo ve. Lo malo es ese toro con posibilidades de embestir y que sabes que no va a romper por el trato que recibe. Ese es el toro que debería hablar.

Eduardo Miura

—¿Les molesta la leyenda negra?

—E.M.: Forma parte de nuestra historia, pero no es nuestra bandera. No es nuestra bandera, pero es la realidad. No somos la ganadería que más mortalmente ha herido a los toreros, lo que pasa es que han sido muy importantes. Nuestra bandera son los triunfos de Espartaco, Puerta, Murillo, Manzanares, Escribano… Gracias a toros nuestros, se han lanzado carreras.

—Aquella sangre mortal y rosa del Espartero o Manolete demuestra la verdad en el ruedo.

—E.M.: El problema de ahora es que con ese toro tan noble que sacamos da la sensación de que no hay peligro. Y lo tiene, pero antes se veía más.

A.M.: Nadie quiere la cornada, pero es necesaria y la pura realidad. El torero se está jugando la vida, ese hombre no está en una obra de teatro ni en un baile. Un toro lo puede matar de verdad, como se ha visto. Y eso, aunque suene a barbaridad, es un bien de la Fiesta, un bien necesario, para que se aprecie su verdadero valor.

—E.M.: Lo peor que puede pasar es que uno del tendido diga: «A ese le pego yo pases». Y luego eso de toristas, toreristas y tanta zarandanga que antes no existía.

—Con su divisa no se oye eso.

—A.M.: El hierro hace mucho, pero si embiste dicen que no parece nuestro.

—E.M.: A nosotros nos coge el toro siempre: si sale muy noble, que no parece de Miura; si sale con guasa, que es imposible para el toreo.

Toro

—¿Les dolería mandar animales criados para la lucha al matadero?

—A.M.: Hasta el día de hoy estamos aguantando, solo los hemos mandado por defectos. Si este año no hay toros, sí es un problema. También tenemos que ver si se dan toros en la calle.

—E.M.: Siempre hemos apoyado los festejos populares, son un escape para el ganadero. La base de la Fiesta es el toro en la calle y la corrida es la corona.

—¿Ven unidad en la tauromaquia?

—E.M.: Hay una unión desunida. Se habla, se dice que es menester…

—¿Y el Gobierno está a la altura?

—E. M.: E. M.: Con Sánchez y compañía, que Dios nos coja confesados, a pesar de que ellos son poco creyentes. Aquí los que están bien son los que se sientan en el Consejo de Ministros, llegan a fin de mes y no se preocupan de si el chófer de la puerta cobra o no. A nosotros nadie nos perdona nada. Yo sé que la imagen nuestra es como si fuésemos multimillonarios y señoritos, pero la realidad es que estamos todos los días en la ganadería trabajando. Es lo que hemos visto a nuestros antepasados. Solo queremos seguir funcionando y pasar esta crisis, la más grave que hemos vivido, incluso si nos remontamos a la guerra.

Eduardo y Antonio Miura
Eduardo y Antonio Miura, con las míticas calaveras de su ganadería al fondo – Raúl Doblado

—A ello se suma la dentellada del lobo. ¿Qué opinan de su inclusión en la lista de especies de protección especial?

–A.M.: Una barbaridad. Tendrían que votar solo los que lo sufren. Hay que escucharles a ellos.

—E.M.: Son ecologistas de despacho y salón. Ese espíritu de sacrificio que había antes se ha ido acabando. Pocos se dan al campo.

«Aunque suene a barbaridad, la cornada es un bien necesario para la Fiesta»

—¿Se consideran animalistas?

—A.M.: Somos ganaderos. A mí me gustan los animales, pero nunca puede ser lo mismo un animal que un ser humano. Esa señora que lleva un perro que da pena por la calle y me critica por los toros, a lo mejor es ella la que maltrata a su mascota. El mundo rural se mantiene por las ganaderías y, gracias a ellas, existe la dehesa. La corrida es un espectáculo duro, porque la sangre es muy escandalosa, pero ningún animal vive como el toro.

—E.M.: La mentalidad en el campo es distinta, se ve la realidad de la vida y la muerte. Pare una vaca y muere el ternero.

—E.M. hijo: La visión que tiene la sociedad de la naturaleza es de Disney.

—A.M.: Me lo has quitado de la boca, vivimos en el mundo de Walt Disney. ¿Cuántos leones matan a un ciervo? Yo no sé qué comerán esos animales. Y todos hablan. Es un mundo de mentira.

—E.M. hijo: —E.M. hijo: Y en la última versión querían quitar la muerte del padre. Estamos criando una sociedad que parece vivir en una mentira y prefiere ocultar la muerte, mismamente en esta pandemia. No podemos cambiar la realidad. La naturaleza no es buena ni mala, es la que es.

—Dice el director de Bienestar Animal que el símbolo español es el lobo.

—A.M.: Será el lobo, podían haberlo pensado cuando ‘Naranjito’.

—E.M.: Ahora resulta que los pocos o muchos turistas que venían a España lo hacían por el lobo. Les guste o no a los políticos, a España se la conoce por dos cosas: los toros y el flamenco.

—A.M.: España es una piel de toro, pero si quieren ahora la llamamos piel de lobo.

—E.M.: Con la que está cayendo y que tengamos que escuchar tanto absurdo… Igualito que en Francia, donde no les da vergüenza apoyar la Fiesta.

Vaca

—Ya que el fundador de esta ganadería, Juan Miura, era sombrerero, ¿ante quién se quitarían el sombrero?

—E.M.: Como somos educados, si voy a saludar, me lo quito. Claro que si lo hago ante una mujer o la dejo pasar por delante, me llamarán machista.

—Hasta la RAE ha llegado Miura, famosa por su bravura.

—E.M.: No es por presumir, pero en Sudamérica muchos pensaban que Miura era como una raza de los toros. También hay otra acepción en la se refieren a la persona de aviesas intenciones.

—¿Algún miureño suelto?

—A.M.: De vez en cuando aparecen, de cuatro patas y de dos también los hay.

—E.M.: Lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal.

—En dos décadas celebran dos siglos. ¿Se imaginan soplando las velas del bicentenario?

—E.M.: Faltan veintiún años. Yo digo como Pepe Luis cuando iba a ver a su Virgen de San Bernardo, las peticiones de una en una.

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