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Por sus padres los conoceréis: los genes políticos de los candidatos a presidir Madrid el 4-M

Isabel Díaz Ayuso, Ángel Gabilondo, Mónica García, Pablo Iglesias, Rocío Monasterio y Edmundo Bal. Debajo están sus respectivos padres.
Isabel Díaz Ayuso, Ángel Gabilondo, Mónica García, Pablo Iglesias, Rocío Monasterio y Edmundo Bal. Debajo están sus respectivos padres.

Luis Casal El Español

Un funcionario, un empresario, un carnicero, un profesor, un psiquiatra y un terrateniente. Ahora, sus hijos optan al Gobierno de Madrid.

Para bien o para mal, la ascendencia determina, pero no necesariamente crucifica. O no debería. El abolengo, más durante una campaña electoral, puede convertirse en una poderosa arma arrojadiza con la que herir al adversario. Si el padre de un candidato fue franquista, comunista, terrateniente, obrero, funcionario o carnicero debería importar poco como argumento. Nadie es responsable de lo que hicieran o pensaran sus padres, pero sí su consecuencia. Conocerlos ayuda a saber de dónde vienen, de dónde parten. A veces, incluso, a entenderlos mejor.

Los genes, en este caso, no transmiten sólo el color de ojos, el momento en que se caerá el pelo o todo lo que uno podrá llegar a crecer. Dependiendo de la familia, a veces hay un gen que se escapa a la medición de la ciencia: el político. En el caso de los candidatos a la presidencia de la Comunidad de Madrid, este parece ser el que más se ha heredado.

EL ESPAÑOL ha reunido las historias de los padres de los seis principales candidatos. Dice el refrán que, de tal palo, tal astilla. Júzguenlo ustedes.

Isabel Díaz Ayuso

Isabel Díaz Ayuso

Leonardo Díaz Álvarez nació en 1946 en Sotillo de Adrada, un pequeño pueblo de Ávila. Pasó toda su vida de un lado para otro, conviviendo entre sus raíces castellanas y el piso de Chamberí que compartía con su mujer, Isabel Ayuso, un año mayor. Tuvieron dos hijos, Tomás primero, Isabelita después.

La madre es “educada, correcta, en un segundo plano”, en palabras de la niña. Del padre, por contra, resalta su carácter, su honradez y, sobre todo “una infancia dura que le hizo después mantener con sus hijos otra relación también dura”, especialmente con ella. Vivió su vida atormentado, con un espíritu de emprendedor liberal que le llevaría a dirigir hasta siete empresas. Muy exigente dentro y fuera de su trabajo, luchó por sacar a su familia adelante mientras que, en paralelo, complicaba su misma relación con ella.

Leonardo Díaz Álvarez e Isabel Díaz Ayuso

Tomás, el hijo mayor, se interesó por los negocios familiares que tantos malos tragos supondrían en el futuro, e Isabel, la pequeña, por la política. Cuando los dos abandonaron el nido, Leonardo vivió sus últimos años ahogado por las deudas, embargado por sus polémicos préstamos incumplidos y, ya en la última etapa de su vida, enfermo. Falleció en 2014 a los 68 años.

Isabel, la madre, estuvo con él hasta el final. Se jubiló en 2008 para apoyarle en las malas, y juntos intentaron salvar sus propiedades. Al final, sólo consiguieron conservar una casa que tenían en Madrid y otra en el pueblo porque las pusieron a nombre de sus hijos.

El PSOE sólo mantiene a Ángel Gabilondo para la moción

Ángel Gabilondo

De los nueve retoños, él fue el quinto. Se criaron en los alrededores del mercado de la Bretxa, esa zona de San Sebastián conocida entonces por albergar una de las mejores lonjas del mundo y, ahora, por ser un centro comercial. Rodeados de pregones de rodaballo, anchoas, coles y bizcochos, a los padres les tocó trabajar el chuletón.

A principios de los años 40, José Ignacio Gabilondo y María Luisa Pujol decidieron regentar su propia carnicería. Él era hijo de nacionalistas vascos de la vecina localidad de Azkoitia; ella, de un soldado de la guerra de África al que habían dado por muerto y que, al volver, se encontró con que los suyos habían rehecho la vida sin él. Emigró a San Sebastián y tuvo otra hija. Ambos eran obreros, y de izquierdas.

Mantuvieron a la camada a base de su cotizado puesto, una de las carnicerías más reclamadas por la burguesía donostiarra. Por la mañana, a las seis, la pareja sacaba a los niños de sus habitaciones, repartidas de tres en tres, y los ponían en fila. Les peinaban por orden, les daban un beso y corrían a abrir el mercado. Así hasta la jubilación. La cola de pequeños, ya entrados en años a día de hoy, ha supuesto uno de los elencos familiares más variopintos y curiosos de la historia reciente de nuestro país.

Lourdes, la mayor, será misionera en Corea; Iñaki, el segundo, se convertirá en una de las voces radiofónicas más reconocibles de España. Pedro también será periodista, per deportivo, y en el momento de su jubilación llevará a la espalda la experiencia de nueve Juegos Olímpicos; Ramón, el siguiente, será ejecutivo de la comunicación. Luis y Arantxa se harán doctores, Javier seguirá los pasos de su padre al frente de la carnicería y Jesús, el más pequeño, trabajará en la confederación ASPACE para la Parálisis Cerebral.

El matrimonio Gabilondo-Pujol

Ángel, el quinto, también hará carrera. Se hará hermano de la congregación de los Corazonistas, se graduará en Filosofía, dará clases en colegios, se hará rector de la Universidad Autónoma, llegará a ministro de Educación y, en 2021, repetirá como candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid.

Mónica García

En casa siempre hubo un tema común: la medicina. También la izquierda, cosa del padre, pero medicina por encima de todo. Ambos eran psiquiatras, los dos del hospital Provincial (actual Gregorio Marañón), los dos de izquierdas. Él, además, era comunista.

Mónica García y Sergio García Reyes

Si se bucea en los artículos periodísticos de la época, el nombre de Sergio García Reyes no debería sonar extraño para ninguna página de la prensa madrileña. Líder del Partido Comunista de España (PCE) durante la Transición, llegó a ser diputado y portavoz de Sanidad del Partido en la Asamblea de Madrid entre 1983 y 1987, la primera legislatura regional. Su hija lo ha sido, diputada y portavoz, en las dos últimas. Y ahora candidata de Más Madrid.

Si él destacó por ser el psiquiatra rojo, ella por ser una de las investigadoras más reconocidas sobre las consecuencias en salud mental de los atentados del 11 de marzo de 2004. Su nombre era Rosa María Gómez Rojo (fallecida en 2005), psiquiatra, psicóloga, y una de las primeras mujeres en graduarse en Medicina en España.

Mónica García y su madre

El matrimonio García-Gómez formó parte de la escuela “clínicas de Ibiza”, un conocido club de psiquiatras que a finales de los 70 ejercían su profesión en los alrededores de la calle con el mismo nombre. Allí creció la pequeña Mónica, criada por el eterno dilema de un padre comunista que, en el último tramo del camino, tuvo que callar y aguantar la transición carrillista para lograr la legalización del PCE. Hay quien diría que renunciaron al comunismo, ya del todo, para ganar libertad de presentarse a las elecciones. Un dilema impuesto, el de comunismo o libertad, que suena hoy más actual que nunca.

Pablo Iglesias

Se conocieron el 1 de mayo de 1972. Medio centenar de militantes de izquierdas estaban reunidos en el cementerio de la Almudena para honrar a Pablo Iglesias Posse, histórico fundador del PSOE. Un hombre alza el puño, una mujer canta un himno. De ese encuentro surge un flechazo, una boda y, a la postre, un hijo. El nombre del bebé no está sujeto a debate.

Pablo Iglesias

Vino al mundo en 1978, el año en que se aprobó la Constitución, y en octubre, el mes revolucionario por antonomasia. Mientras el hospital se preparaba para el nacimiento, en el Vaticano humeaba la fumata blanca para elegir al papa anticomunista por excelencia. El guion estaba preparado para que ese niño pusiera España patas arriba.

Al final, lo llevaba en la sangre. Francisco Javier Iglesias Peláez era inspector de trabajo y profesor de Historia en la Universidad de Salamanca. El año que la conoció a ella, la chica que cantaba la Internacional, ingresó en el Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP). Lo abandonó en 1974, antes de que abrazaran la lucha armada, pero siempre se mantuvo a la izquierda de la izquierda.

Los padres de Pablo Iglesias

Ella, no podía ser otra, era María Luisa Turrión Santa-María, abogada de CCOO e hija del histórico líder del PSOE Manuel Turrión de Eusebio. Se divorció de Francisco cuando el pequeño Pablo contaba 13 años, uno antes de que ingresara en las Juventudes Comunistas (UJCE). Él se quedó en Zamora y siguió dando clase, ella se fue a Vallecas (Madrid) con el niño. Y el resto es historia.

Rocío Monasterio

Cienfuegos, Cuba, es una ciudad cuyo nombre recuerda igual a José Cienfuegos Jovellanos, general español, que a Camilo, revolucionario cubano. Entre esos dos mundos, la españolidad y la revolución, tuvo que elegir Antonio Monasterio Díaz de Tuesta, nacido en la misma plaza. Y se quedó con el general.

Rocío Monasterio y su padre, Antonio

Era hijo de un asturiano y una alavesa que habían emigrado a la isla para hacer fortuna, y la consiguieron. El joven Antonio heredó la Central de Azúcar del Golfo, la empresa familiar, y se casó con Aurora San Martín de Artiñano, una asturiana que conoció durante sus múltiples viajes a España. Tras el triunfo de la revolución, Fidel Castro expropió el negocio familiar en 1961. Dos días después, la pareja abandonó la isla.

Se exiliaron a Miami, primero, y a Madrid, después. Fue allí donde tuvieron a Rocío, en 1974, y donde incrementaron su ya de por sí abultada fortuna. Trabajaron en alquileres y venta de locales comerciales hasta que, por las mismas fechas, optaron por lanzarse y traer a España una por entonces desconocida franquicia estadounidense: Kentucky Fried Chicken (KFC).

Rocío por entonces era muy pequeña, pero de aquella infancia heredó dos genes: el hambre por los negocios y el odio a los revolucionarios que casi acabaron con sus padres. También el recuerdo del Coronel Sanders, el hombre que montó la franquicia de comida rápida y que todavía aparece en el logo de la marca.

Edmundo Bal

La carrera se hizo cuesta arriba. En el Lugo de los años 50 no era fácil salir adelante, menos cuando los padres tenían ocho bocas que alimentar, pero Jesús Bal lo consiguió. Se hizo contador del Estado, uno de esos puestos de funcionario que, para ojos externos, puede semejan tan aburrido como gris era la España de la época. Pero la vida de Jesús estaba coloreada por el fútbol. Concretamente, de blanco y azul.

Edmundo Bal

Pero no por la afición al Deportivo de La Coruña, lo que sería la opción lógica, sino al Recreativo de Huelva, la ciudad a la que le destinaron nada más aprobar las oposiciones. Allí, su vida cambió por completo de la mano de dos personas, ambas de su grupo de amigos. La primera, un joven futbolista del Recre llamado Luis Aragonés; la segunda, María Dolores, Lolita, con la que se casó en el año 63. Cuatro años después, cuando todavía vivían en casa de los padres de ella, nació Edmundo, el primero de sus tres hijos.

Fue entonces cuando decidieron mudarse a Madrid. Jesús siguió progresando en su carrera administrativa y llegó a lo que ahora sería un funcionario A2, el nivel más alto al que podía aspirar en aquella época. Quién le diría que su hijo le superaría, primero, como abogado del Estado -incluso llegó a presidir la asociación- y, después, como candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid.

Los padres de Edmundo Bal

En lo que respecta a Jesús, falleció a los 66 años fruto de un cáncer mal llevado. Ella, Lolita, el año pasado, a los 83. De uno heredó la racionalidad -“¿problema de gestión o de pensar? Porque si es de pensar se lo dices a Jesús”, comentaban en el ministerio-, de la otra el corazón, dicen quienes la conocen. Edmundo, por su parte, todavía sigue en pie.

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