Actualidad

Óscar Pérez Solís, el mayor tránsfuga de la historia de España: de dirigir al PSOE a venerar y apoyar a Franco

Óscar Pérez Solís
Óscar Pérez Solís

Israel Viana – ABC

Si hubiera vivido en la actualidad, la transformación de este famoso líder de izquierdas, que incluso fundó el PCE en 1921 y acabó abrazando a la Falange, equivaldría a la de un diputado radical de Podemos que termina defendiendo la posición más extremista de Vox

Solo en los cuatro meses que llevamos de 2021, ABC ha informado de más de diez casos de tránsfugas entre los políticos españoles. El más polémico es el del exdiputado Toni Cantó, que abandonó Ciudadanos con la intención de presentarse en la candidatura de Isabel Díaz Ayuso a la Comunidad de Madrid. En marzo contábamos cómo el PSOE había «comprado» a una tránsfuga para arrebatar la Alcaldía de Valencina al PP y, en enero, que el Ayuntamiento de La Guardia, en Jaén, había presentado un recurso para evitar que otro concejal tránsfuga cobrara 35.000 euros al año.

Los ejemplos a lo largo de la historia de España son muchos. En la primera mitad del siglo XX encontramos a

un buen número de dirigentes políticos, intelectuales y militantes que pasaron de una familia política a otra. Según la RAE, el tránsfuga es aquella «persona que pasa de una ideología o colectividad a otra» o un «militar que cambia de bando en tiempo de conflicto». Pero el caso más significativo y sorprendente de todos los que se produjeron en nuestro país es, posiblmente, el del histórico y polémico líder socialista Óscar Pérez Solís (1882 – 1951)​.

Pocos ejemplos hay como el de este asturiano de nacimiento y vallisoletano de adopción, hasta el punto de que, si hubiera vivido hoy, su transformación equivaldría a la de un diputado que pasa del sector más radical de Podemos a la posición más extremista de Vox. Y todoe ello, siempre, ocupando cargos de responsabilidad en cada una de las formaciones en las que militó. Él mismo contó este viraje ideológico, sin ningún tipo de pudor, en una serie de artículos publicados en las páginas del semanario falangista ‘El Español’. Los tituló ‘Un vocal español en la Komintern y otros escritos sobre la Rusia Soviética’, que la Editorial Renacimiento editó en un libro en 2018.

PSOE, PCE y Falange

Hablamos de un militar de carrera que, a principios del siglo XX, abrazó el anarquismo de una manera un tanto platónica; que se pasó después a las filas del socialismo durante los primeros años del PSOE, enfrentándose incluso su histórico líder, Pablo Iglesias, por considerar sus posturas demasiado tibias; que a continuación se convirtió en un comunista convencido, impulsando la creación del Partido Comunista de España (PCE) en 1921; que cayó después en los brazos de la religión católica y, por último, que se afilió a la Falange durante la Segunda República para apoyar después a Franco en su golpe de Estado y la dictadura.

Steven Forti, el historiador que probablemente más ha estudiado la figura de este tránsfuga a través de su tesis en la Universidad Autónoma de Barcelona, lo compara con otros personajes de la talla de Mussolini, que creó el primer estado fascista de la historia tras haber sido un socialista convencido; el francés Jacques Doriot, que rompió con la Internacional Comunista en 1934 y acabó alistándose en las SS para la campaña de Rusia en la Segunda Guerra Mundial; el laborista británico Oswald Mosley, que fundó en 1932 la British Union of Fascist, o el socialista belga Henri De Man, que colaboró con Hitler en la ocupación de Bélgica.

«Al fin y al cabo, rojos y negros no eran tan diferentes, parecen demostrar estos itinerarios políticos. Fascismo y comunismo no eran nada más que dos excesos, más similares de lo que se pensaba. Hijos de ideologías perversas y mortíferas, que solo la democracia liberal pudo vencer. Con esta lectura, el siglo XX se transforma en el siglo de la violencia y el terror, en que a los muertos se suman los muertos; a las persecuciones, los genocidios; a las víctimas, los verdugos; a los horrores de Dachau, los del Gulag», defendía Forti en ‘Traidores, conformistas y apasionados de la política’, el artículo publicado en la revista ‘Segle XX. Revista catalana d’història’, en 2013.

La transformación

Pérez Solis era hijo de un militar y de una noble en decadencia que pasó su infancia entre Galicia y Asturias. En 1898 entró en la Academia de Artillería de Segovia, llegando a ser teniente a los 21 años. Alrededor de 1905, en Las Palmas, la amistad con el soldado Juan Salvador fue lo que le acercó al anarquismo, pero cuando este murió y regresó a la península, esta vez Valladolid, las lecturas de los clásicos del marxismo le acercaron al socialismo.

En 1910 ingresó en la Agrupación Socialista Vallisoletana y se convirtió en uno de sus miembros más activos, hasta el punto de que, en junio de 1912, se le obligó a dejar el Ejército. Este acontecimiento hizo que consagrara definitivamente a la política y a la revolución, hasta alcanzar cierta fama dentro del PSOE. Fundó entonces el semanario socialista ‘Adelante’, fue elegido concejal y lideró las famosas huelgas de los ferrocarriles de 1916 y 1917. Fue ahí cuando empezaron sus bandazos ideológicos, que le granjearon enemigos allá por donde pasaba, dentro de un partido que no había conseguido superar las divisiones internas desde su nacimiento.

Cuando se fundó el 2 de mayo de 1879 en la taberna Casa Labra de Madrid, hubo más diferencias que acuerdos entre Pablo Iglesias, Jaime Vera, Antonio García, Emilio Cortes y el pequeño grupo de intelectuales y obreros que lo impulsaron. No coincidían en la estrategia que debían seguir o cuál debía ser su programa. En un principio se impusieron los postulados del líder socialista francés Jules Guesde, que rechazaba cualquier tipo de alianza con las organizaciones republicanas. Pero aquella primera brecha en la que Iglesias defendía que el socialismo internacional no era aplicable a la realidad de España, puesto que el concepto de «capitalismo» contra el que luchaba el marxismo no estaba todavía implantado aquí, no se cerró jamás.

La gran brecha del PSOE

Esa primera lucha ideológica duró años y enfrentó a los que querían que el partido utilizara las instituciones oficiales para crecer y los que pensaban que las mejoras de la clase obrera sólo podían llegar a través de la revolución que defendía Pérez Solís. Esta postura antidemocrática se impuso y el PSOE se mantuvo como una pequeña formación sin representación en el Parlamento, hasta que, en 1910, decidieron aliarse con los republicanos progresistas para entrar en el Congreso. Fue ahí cuando Pablo Iglesias salió elegido diputado, con el inconveniente de que ahondó en la inestabilidad de la formación.

Tras el fracaso de la huelga de 1917 y las críticas por su conducta, Pérez Solís se dio de baja del PSOE y comenzó a apoyar posiciones que ni él mismo se preocupó de definir, pero que parecían cercanas a la izquierda monárquica. De hecho, intentó fundar un nuevo partido «socialista aristocrático» al que quiso bautizar como PSI, pero no tuvo éxito. En 1920, dejó la capital castellana por una sentencia de destierro debido a un artículo acusatorio del cacique local, Santiago Alba, e Indalecio Prieto le llamó a Bilbao para dirigir el semanario ‘La Lucha de clases’, donde el contacto con la realidad obrera vizcaína le provocó un giro más radical a la izquierda.

En ese momento, la revolución rusa ya se había filtrado en el socialismo, haciendo creer a muchos de sus exdirigentes, como Pérez Solís, que debían adherirse a la III Internacional y abandonar el oportunismo de Iglesias. Tan convencidos estaban que, en 1921, él y una serie de camaradas acabaron por fundar el PCE. Aquella es, probablemente, la mayor quiebra de la historia del partido. De hecho, fue él quien leyó la declaración de escisión en el Congreso extraordinario del PSOE. «En los siguientes ‘años terribles’, como los definió en sus memorias, lideró a los comunistas vizcaínos con su inagotable activismo, que muchas veces traspasó la delgada línea que le separaba de la violencia. En agosto de 1923 fue herido gravemente por el asalto de la Policía a la Casa del Pueblo de Bilbao, donde estaba al frente de un comité de huelga», cuenta Fortis en su tesis, titulada ‘El peso de la nación. Nicola Bombacci, Paul Marion y Óscar Pérez Solís en la Europa de entreguerras’.

La Guerra Civil

El viraje ideológico de nuestro protagonista seguía su curso a toda velocidad, participando en el V Congreso de la Internacional Comunista, en Moscú, a donde fue con un carnet falso, y siendo nombrado secretario del PCE en España para reorganizar el partido en la clandestinidad durante la dictadura de Primo de Rivera. En febrero de 1925, sin embargo, fue detenido en Barcelona y encarcelado en Montjuic. Allí, en la soledad de su celda, su militancia se fue apagando mediante las charlas que mantuvo con un domínico activo en el sindicalismo libre, que le llevó a convertirse al catolicismo y a abjurar del comunismo.

Cuando salió de prisión en agosto de 1927, trabajó en Campsa en Valladolid y cobró nuevo protagonismo dirigiendo el periódico católico ‘Diario Regional’. Eran los años finales de la dictadura, en la que estaba tan convencido de su nueva posición, que en los primeros años de la Segunda República –un régimen que probablemente hubiera soñado con instaurar él mismo anteriormente–, escribió en la prensa católica y se incorporó cada vez más a las posiciones de la derecha radical, hasta llegar a colaborar con la revista ‘Acción Española’ de Ramiro de Maeztu y afiliarse a la Falange.

Cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936, su transformación se había completado e hizo de enlace de los sublevados en Oviedo. En la capital del Principado comandó una compañía franquista en la defensa de la ciudad, sitiada por las tropas republicanas. Durante la contienda fue nombrado por Manuel Hedilla responsable de la CONS, el sindicato obrero falangista. Este jefe nacional de FE de las JONS, el mismo que había reemplazado a José Antonio Primo de Rivera tras su ejecución en la cárcel de Alicante, había depositado toda su confianza en este antiguo dirigente del PSOE y comunista convencido, que en 1939 se retiró de la vida política y continuó con su actividad periodística.

Tan bien debió hacerlo que, en 1943, hasta recibió el premio nacional de periodismo Francisco Franco. Quién lo hubiera dicho.

Añade un comentario

Pulsa aquí para comentar

Mercedes Benz
The new Mercedes-Benz C-Class