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Los Reyes reivindican el valor del medioambiente en la sierra de Tramontana

La Familia Real protagoniza su primera aparición conjunta en Palma

Treinta y ocho kilómetros separan el Palacio de Marivent del monasterio de Lluc, situado en el corazón de la sierra de Tramontana, una zona de difícil acceso, sobre todo los últimos nueve kilómetros. «Se me habían olvidado las curvas», exclamó el Rey nada más bajar del coche.

Este paraje natural, situado en el municipio de Escorca, fue el que los Reyes y sus hijas escogieron este miércoles como escenario para su primera salida pública desde que comenzaron sus vacaciones en Mallorca. Llegaron a Lluc a las siete y media de la tarde en dos coches. En el primero, conducido por Don Felipe, iban los Reyes. En el segundo, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía.

La Familia Real eligió este parque natural cuando se cumplen diez años desde que la sierra de Tramontana fue declarada patrimonio de la humanidad por parte de la UNESCO. Pero este no es el primer verano que los Reyes y sus hijas visitan esta zona, que les trae muy buenos recuerdos. A la Princesa y a la Infanta porque una de sus primeras salidas en Palma fue a Sóller, en el verano de 2012. Y a Don Felipe porque precisamente en Lluc estuvo de campamento cuando era adolescente.

Don Felipe y Doña Letizia siempre han transmitido a sus hijas desde pequeñas la importancia del medioambiente. Por eso nada más llegar -y tras saludar a la presidenta de Baleares, Francina Armengol, y el alcalde de Escorca, Antoni Solivellas- visitaron el Centro de Interpretación de la sierra de Tramontana, donde se interesaron por la situación del paraje y de los cultivos de las ocho fincas que hay en la zona.

Al finalizar la charla, la Familia Real caminó hasta el santuario de la Virgen de Lluc, donde se encuentra la imagen de La Moreneta, la patrona de Mallorca, que es una talla de piedra del siglo XIV. Mientras se acercaban al santuario, Don Felipe les fue contando a sus hijas anécdotas de su estancia en la hospedería de Lluc cuando era un joven adolescente. Durante sus días de campamento, se alojó en la hospedería, ubicada en un lateral de la Iglesia. Les contó que «recordaba la piscina más grande».

Vivas al Rey

En la plaza, fueron recibidos con vivas al Rey y, una vez en el interior de la basílica, escucharon al coro infantil de la escolania de Lluc, conocidos como els blauets por el color azul de sus túnicas.

A la salida, subieron hasta el mirador, donde disfrutaron de un precioso atardecer en plena Tramontana y con una temperatura muy fresca y agradable. «Es increíble», expresó Don Felipe, al tiempo que posaba junto a la Reina Letizia y sus hijas para los medios gráficos. Esas fotografías se convirtieron en las primeras de los Reyes y sus hijas durante sus vacaciones en Mallorca.

De vuelta a la plaza, el alcalde les agradeció su visita, ya que Escorca es el municipio más extenso de la isla de Mallorca –cuenta con 139 kilómetros– y, con 210 habitantes, es también el más despoblado de las Baleares. Don Felipe, Doña Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía firmaron en el libro de visitas y recibieron dos regalos, un libro sobre la sierra de Tramontana y otro de fotografías de las esculturas de Joan Bennassar, que se encuentran expuestas a la entrada del santuario. La Reina Letizia salió del ayuntamiento desplegando un abanico conmemorativo de los diez años de la UNESCO. Tanto ella como sus hijas lucieron alpargatas confeccionadas en Mallorca, un espaldarazo más, como todos los años, a los artesanos de la zona.

La Familia Real se despidió de Lluc dos horas después de haber llegado y con la sensación de haber cumplido con dos cometidos que forman parte de la línea de acción de la Casa de Su Majestad el Rey: la defensa del medioambiente y el apoyo a la España rural.

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