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Los ancianos tendrán que pagar «un precio muy alto» para poder salir de las residencias en Navidad

María Lozano

La mayoría de comunidades autónomas han establecido estrictas medidas para que el virus no penetre de nuevo en los centros de mayores

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Prueba PCR a la salida y entrada de las residencias de mayores estas fiestas y un periodo de cuarentena tras ingresar de nuevo en el centro. Son los requisitos que deberían cumplirse si quieren pasar las navidades con la familia, según los expertos. La más dura es la del aislamiento obligatorio que deberán cumplir los residentes tras pasar un tiempo fuera del centro. «Un precio muy alto» que pocos estarán dispuestos a pagar.

Cada año la Navidad es una oportunidad para que muchas familias puedan disfrutar de sus mayores en casa y así tenerlos más cerca. Sin embargo, este 2020 tendrá que ser diferente debido a la evolución de la pandemia de coronavirus en España. Aunque no hay un protocolo común por parte de Sanidad, la mayoría de comunidades coinciden en aspectos básicos como la obligatoriedad de realizar una prueba PCR y que esta sea negativa antes del regreso, tras el que quienes hayan salido deberán realizar una cuarentena de entre 5 y 10 días.

«Eso tiene que ser así porque no hay ningún test que nos asegure que sea negativo al 100%», explica a este periódico Lourdes Bermejo, vicepresidenta de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología (SEGG). Estas «duras condiciones» hacen creer a la experta que «no va ha haber tantas personas que salgan» en comparación con años anteriores.

Impera el miedo

Nelly Soria vive en Barcelona, pero su madre vive desde hace más de un año en la residencia Campo Romanos de Zaragoza. Lleva sin poder ir a hacerle una visita desde septiembre y no se atreve a sacarla unos días en Navidad. «Tiene 92 años, tuvo el Covid, pero fue asintomática y tiene pocos anticuerpos. Me da mucho miedo traerla a Barcelona porque mi hijo pequeño va al colegio y una semana al mes nos la pasamos confinados. Además, mi marido es comercial y se pasa el día visitando gente. No me hace mucha gracia exponerla a ese riesgo», explica Nelly.

El primer año que la madre de Nelly estuvo en la residencia fue el pasado y quiso quedarse en la residencia y «este año que en septiembre sí que decía que igual venía no podrá ser», incida. Por ahora lo que intentará hacer es ir del día 25 hasta el 28 y aprovechar para visitarla esos días.

La situación se hace todavía más complicada cuando el residente tiene necesidades especiales que no se pueden encontrar en cualquier domicilio. Mari Luz, la madre de Isabel Majarena, tiene 78 años y está en silla de ruedas. Para moverla necesitan una grúa y en casa no tienen las instalaciones adecuadas, cuenta Isabel.

«El año pasado la residencia me dejó la furgoneta adaptada, pero este año no la hemos pedido porque hay demasiados factores en contra», afirma Isabel, quien asegura que «si pudiese se llevaría a su madre a casa» en estas fechas tan señaladas. En su lugar, ella, su marido y sus hijos irán a visitarla el día 24.

Mariano Lapuente, de 65 años, va a tener una suerte diferente, ya que podrá pasar la Navidad con su familia. Su hermano Joaquín tiene la intención de llevarle a casa en las fechas señaladas, como nochevieja y nochebuena, para pasar el día con él y que regrese antes de las ocho de la tarde a la residencia.

«Nos dejan sacarlo más días, pero luego hay que hacerle una PCR», explica Joaquín. Pese a que su hermano ya ha pasado la enfermedad, «el miedo está ahí y es una preocupación porque hay gente que lo ha vuelto a coger. Aunque estemos en casa vamos a llevar la mascarilla cuando estemos con él y solo seremos tres: mi mujer, mi hermano y yo», aclara.

El papel de los anticuerpos

Pese a que impera cierta homogeneidad, hay comunidades que se desmarcan de la normativa común y van a seguir otros protocolos durante la Navidad. En Madrid las salidas se autorizarán en función de la inmunidad de cada residente. Si tienen anticuerpos (IgG+) en los seis meses previos, podrán salir si más restricciones que las de la población general. Los residentes que no tengan anticuerpos tendrán que cumplir una serie de requisitos: un mínimo de tres días, a un único domicilio y solo si se relacionan con una misma burbuja de convivencia; deberán regresar al centro en un día laborable; se les hará un test de antígenos y durante 48 horas estarán en una zona amarilla de contacto restringido, y a las 48 horas se les hará un nuevo test.

Protocolos como el de Madrid despiertan cierto temor en la SEGG. «Tener anticuerpos disminuye el riesgo, pero no se puede asegurar con certeza que anule ese riesgo. Tampoco se puede asegurar que la persona no sea transmisora del coronavirus. Tienen que tomar las medidas de precaución, por lo que no consideramos que sea un motivo para decir si sale o no. Tendrían que cumplir con los requisitos», explica Bermejo. Además, recuerda que «los test de antígeno son útiles para el diagnostico rápido pero un negativo no descarta que una persona no pueda tener la infección. Una PCR es la más segura, aunque no va a evitar el aislar a la persona».

«La solución para la seguridad de los mayores no puede ser a costa de restringir sus derechos»

Por su parte, Juan José García Ferrer, secretario general de Lares -la federación de residencias y servicios del sector solidario-, afirma en declaraiciones a ABC que «las residencias son los hogares de estos mayores, por lo que deberían de tener la libertad de poder ir con un familiar directo a poder pasar unos días en Navidad. La solución para la seguridad de los mayores no puede ser a costa de restringir sus derechos».

Eso sí, las recomendaciones que propone Ferrer son las mismas que las de la SEGG: «No deberían tener síntomas al salir. Si los tienen deberían hacerse una prueba antes y luego lo lógico es que cuando regresen el sistema público de salud les haga una PCR y se produzca un aislamiento de 10 días con los mayores criterios de confortabilidad posible y garantizando la comunicación con su familia y el entorno».

A partir de aquí, el secretario general de Lares defiende que «es fundamental entender que las personas que viven en una residencia tienen los mismos derechos que los demás». Asimismo, recuerda que «la tecnología no puede sustituir las necesidades de compañía de los mayores» y que les preocupa que «haya personas mayores que estén muriendo por pena como consecuencia de los durísimos confinamientos».

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