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La precampaña hace estallar la gestión alemana de la pandemia

La canciller Angela Merkel
La canciller Angela Merkel

Rosalía SánchezABC

Durante una reunión de Merkel con los lander el presidente de Baviera gritó al ministro de Finanzas: «¿Qué has bebido? ¿Te crees el rey de Alemania?»

Alemania se caracterizó durante la primera ola por una gestión sensata y muy aceptada por la ciudadanía, además de datos de incidencias y muertes comparativamente envidiables. Angela Merkel recuperó su máximo nivel de popularidad y su ministro de Sanidad, Jens Spahn, era el preferido en las encuestas como próximo candidato a la cancillería, en las elecciones generales que tendrán lugar el 26 de septiembre. Hoy, sin embargo, solo un 47% de los alemanes acepta las restricciones y solo un 39% está satisfecho con el trabajo de Spahn, cuando en noviembre de 2020 contaba con la satisfacción de más del 60% de los encuestados. El motivo es que el pistoletazo de salida de la precampaña ha roto el consenso

entre los grandes partidos. Dado que el principal tema político sobre la mesa, si no el último, es la pandemia, las formaciones políticas y sus líderes tratan de posicionarse en la parrilla de salida electoral con sus posiciones sobre la gestión de la crisis. El resultado es un desconcierto general y un descontento creciente.

El plan de retirada gradual de las restricciones, a duras penas acordado en una videoconferencia que mantuvo el miércoles Merkel con los presidentes de los Bundesländer, ha resultado un galimatías para los ciudadanos, que apenas logran entender qué abrirá el lunes en cada población. La razón es que ha sido necesario incluir las reivindicaciones encontradas de cada región, puesto que cada presidente requería poder presentar éxitos propios. El más claro síntoma de la crispación de la reunión fue el desacostumbrado tono navajero de las conversaciones. El presidente de Baviera, Markus Söder, llegó a preguntarle a Olaf Scholz, ministro de Finanzas: «¿Pero qué has bebido? ¿Es que te crees el rey de Alemania?».

Presidiendo la reunión, Merkel optaba por posiciones extremadamente duras. Escucha a su virólogo de cabecera, Christian Drosten, jefe de Virología de la Charité de Berlín, que vaticina una cuarta ola muy cruel, en la que, tras retirarse las restricciones, calcula que veremos hasta 100.000 nuevas infecciones diarias y cifras de muertos jóvenes inéditas hasta ahora. La canciller alemana va de salida, no se presenta a una quinta legislatura y parece preocupada por dejar solucionada esta última crisis de su extenso currículum, aunque sea al precio de no escuchar la demanda social de apertura, después de tres meses de cierre total. Frente a ella, los presidentes de los Bundesländer, pendientes ya de las encuestas y deseando ganar perfil político.

Escatimar fondos

El ministro de Finanzas es también el ya designado candidato electoral del Partido Socialdemócrata (SPD), y en la videoconferencia escatimó fondos para un nuevo fondo de ayudas destinado a empresas que no cumplen exactamente los criterios de ayuda a los sectores y que se están quedando fuera del programa de apoyo estatal porque quiere liberar partidas presupuestarias para sus promesas electorales de alquileres baratos. «Podíamos ver los rostros de todos en la pantalla y, en cuanto Söder decía algo, Scholz hacía aspavientos de desprecio», ha descrito uno de los asistentes, «hasta que le interrumpió en mitad de la exposición para desacreditar la propuesta por falta de información financiera y le reprochó pensar en medidas excesivas con «mi dinero». «¿Qué es lo que tanto te molesta? Ese no es tu dinero», se respondió Söder. Scholz contestó a su vez: «No, pero es el dinero de los contribuyentes alemanes, del que quieren disponer con libertad». «Deja de sonreír así, tú no eres canciller de nada, ¿te crees un gobernante mundial?».

En la rueda de prensa posterior a las deliberaciones, en la que Söder comparecía junto a Angela Merkel para dar cuenta del acuerdo, se refirió a este cruce de desprecios diciendo que había sido una conversación «muy puntiaguda». Sobre el nivel de consenso y la sintonía entre los estados federados dijo: «No voy a decir que seamos un corazón y un alma, pero ahora todo está bien».

Söder cargó también contra Armin Laschet, presidente de Renania del Norte- Westfalia y presidente de la CDU de Merkel, su principal contrincante para hacerse con la candidatura conservadora en las elecciones del 26 de septiembre. Laschet pedía más tiempo, antes de permitir que los médicos de familia y empresa puedan ofrecer las vacunas, alegando su temor al colapso en las consultas. Söder restó valor a su argumento negando con la cabeza e interrumpiendo su intervención para decir: «¿Estás de broma? Esto no es un juego. Lo que nos estás diciendo es que prefieres no hacer nada, solo empujar, empujar, empujar». El tono hacia el resto de asistentes era ya tan áspero que la ministra de Familia, Manuela Schwesig (SPD) le pidió en nombre de todos compostura. Söder no reconoció haber perdido los papeles, pero sí anotó que «en todos nosotros está luchando en el interior el intelecto con los sentimientos».

Söder está retrasando la decisión sobre la candidatura electoral conservadora. Laschet había anunciado que este mismo mes de marzo quedaría despejada la incógnita, pero el bávaro exige tiempo hasta Semana Santa, a la espera sin duda de señales de victoria en la lucha contra la pandemia. La última encuesta publicada por ‘Bild’ dice que solo un 24% de los alemanes ve a Laschet como candidato, mientras que Söder es un candidato más potente para el 50%. El también cristianodemócrata y presidente de Sajonia, Michael Kretschmer, se ha desmarcado incluso del acuerdo, alegando que «considera justificables las aperturas incondicionales aquí decididas, en vista de la actual y previsible situación de infección», rompiendo con una tradición de consenso que data del final de la II Guerra Mundial.

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