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El mayor geriátrico en Canarias sufre brotes de sarna ocultos desde noviembre

El Hogar Santa Rita II de Tenerife culpa al Servicio de Salud de diagnosticar dermatitis atópica erróneamente

El informe de la inspección realizado el pasado mes de febrero en el centro Hogar Santa Rita II, en Tenerife, tras el peor brote de Covid-19 en residencias de mayores de Canarias, que afectó a más de 150 residentes y 75 trabajadores y dejó más de 20 muertos, destapó mucho más. Una familiar de un usuario del centro (que prefiere no ser identificada) ha contado a ABC la desesperación que sufren, una «tortura emocional» para ellos, desinformados, y para los mayores que allí conviven, desatendidos. Hasta el pasado jueves, la residencia no admitió el brote, diagnosticado por error, acusó en un comunicado, como dermatitis atópica por el Servicio Canario de Salud.

El informe tras la inspección del equipo médico del  Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria hizo saltar todas las alarmas, ante el registro de desnutrición, deshidratación y varios brotes de sarna entre los usuarios. El contenido de este documento, que adelantó en su día Cadena Ser, puso el foco en esta residencia de mayores de Tenerife, la mayor de las islas, con cinco edificios y 600 personas mayores alojadas entre sus plazas públicas y concertadas. Las valoraciones de los técnicos encargados del informe son muy graves, y hablan de importantes afecciones para estos ancianos, en su mayoría grandes dependientes.

Defiende su transparencia

A través del citado comunicado, la Fundación Canaria Hogar Santa Rita acaba de confirmar la existencia entre los residentes de 16 casos confirmados de sarna (escabiosis), más otros siete casos sospechosos y asegura que todos ellos fueron aislados de forma inmediata y se adoptaron las medidas aplicables para acabar con el brote.

La Fundación asegura que, aunque hay «margen de mejora», el trabajo que realiza se hace con transparencia y con la colaboración con las autoridades competentes. Asegura no tener conocimiento de dicho informe de la inspección del equipo médico del Hospital Universitario Nuestra Señora de la Candelaria y que siempre se esfuerzan en paliar una «necesidad social grave» ante la falta de plazas públicas sociosanitarias para las personas con dependencia que «en todos estos años (30) no han sido capaces de afrontar el conjunto de las administraciones públicas canarias».

Las condiciones higiénico-sanitarias de los residentes son deficientes, y eso es, a juicio de una de las familiares entrevistadas por este periódico, lo que ha provocado no uno, sino ya varios brotes de sarna, el último de ellos hace unas semanas, en este mes de julio, y otro, que se arrastra desde noviembre de 2020. «Nos dijeron que cerraban el centro para hacer pruebas PCR, y se están haciendo, pero no nos advirtieron que además estaban tratando, una vez más, de acabar con un brote de sarna». Esto es «endémico» en esta residencia, asegura. «Me advirtieron que mi familiar necesitaba ropa nueva, cuando tenía de sobra», alegando que se estropeaba con los lavados en maquinas de tipo industrial, cuando la realidad «es que la sarna había vuelto». En este caso, el brote afectó también a los trabajadores y a través de sus representantes sindicales se supo de lo ocurría puertas adentro.

Catorce horas sin comer

Desnutrición y deshidratación son otras dos alertas que se han encendido con ese informe médico y, como se queja esta familiar a ABC, es que los usuarios de Santa Rita pasan hasta 14 horas sin comer. Desde las 18.00 horas al desayuno de las 8.00 horas del día siguiente, los mayores no reciben comida, por lo que, junto a una asimilación de nutrientes deficiente fruto de la edad, muchos de ellos han caído en malnutrición y deshidratación. Tampoco cuentan con un profesional que adapte las dietas a las necesidades de los ancianos, y además «la comida es de mala calidad», asegura otro familiar. En el comunicado, la Fundación afirma que han resuelto este asunto y han procedido a la incorporación de una nutricionista profesional, como marcaban las indicaciones del Servicio Canario de Salud. Sin embargo, rechaza las acusaciones y niegan la existencia de residentes mal alimentados. Aduce que nunca han recibido quejas de mala nutrición de los usuarios.

Este problema se acumula con todos los sufridos en estos 16 meses de «horror», califica un pariente. Entre diciembre y enero esta residencia vivió el mayor brote de Covid en este tipo de centros en Canarias. La Fundación Canaria Hogar Santa Rita ha explicado que los fallecidos tenían patologías «con carácter previo» y recuerda que en residencias de mayores de otras comunidades, el virus «tuvo consecuencias devastadoras» y que «no se han vuelto a registrar nuevos contagios ni fallecimientos por coronavirus».

Para los parientes de los usuarios consultados, durante el confinamiento, la desinformación era la tónica y es una costumbre que aún perdura. Aunque la pauta son tres horas semanales de visitas, en Santa Rita la han limitado a una, partida en media hora dos días en semana. El resto de los días, por teléfono, y con esperas de 40 minutos para hablar con alguien. «Dicen que no me pueden informar y eso que soy su tutora legal», por lo que «sin verlo y sin información» solo queda hacer conjeturas. «Es muy duro para los familiares y de eso nadie habla», asegura. Esta situación «es una agonía; sobre todo, es algo evitable».

A través de la plataforma Tenerife de familiares y usuarias de residencias se piden más inspecciones. En Canarias solo hay cinco inspectores de derechos sociales y es la segunda comunidad que menos inspecciones realiza de toda España, por detrás de Extremadura. «Es imposible dar un buen servicio y la atención que un mayor necesita cuando hay una sola gerocultora para atender a 30 usuarios en la hora de la cena, o acostarlos». El problema de la falta de personal es algo que denuncian los trabajadores. «Lo que no está bien no hay que esconderlo nunca», asegura una profesional del centro a ABC (prefiere no revelar su identidad para salvar su puesto de trabajo).

«Queremos que los últimos años de sus vidas y de las nuestras si tenemos que estar en una residencia sean llevaderos y no se conviertan en un infierno», afirman desde la plataforma.

La pandemia del Covid ha asestado «un golpe fuerte de realidad» en todos los sentidos, explica una familiar con las que ha hablado este diario. Para ella, la prioridad en tiempos de Covid, «siempre son las personas», pero en el caso de los mayores «no pueden esperar, porque si esperan para actuar llegarán tarde».

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